Después de escribir esto, aunque el "diagrama" podría ser recibido con regocijo por estos tiempos, talvés por considerarlo material didáctico para niños en crecimiento; tampoco todo se puede y esa idea también puede leerse en los círculos del dibujo. Hay unos límites, la razón no todo lo puede, ni conocer ni hacer, y re conocer que existen es algo saludable en todo sentido.
Entonces, si asumimos que ser feliz es hacer las cosas porque quiero, porque de esta forma se garantiza cierta individualidad y libertad, entonces podremos decir también que querer cosas que puedo son una condición necesaria (no sé si suficiente) para ser feliz.
Hacer las cosas porque quiero, eso es ser feliz.
Soy feliz cuando mis posibilidades son más amplias que mis deseos.
Felipe tiene razón en algo: soy una calienta-huevos. No sólo escribo esto porque acepte que lo soy, sino porque descubrí por qué me gusta. Me gusta porque da cierto poder, cierto control sobre la situación.
En estas situaciones, en esas en las que me puedo dar el lujo de ser la última que decide, se amplía mi campo de posibilidades y lo que quiero no me “frustra” (ésta es una palabra muy grande para el tema del que estoy hablando) por sobrepasar mis capacidades y en cambio, hace lo que quiere sin obstáculo alguno.
Entonces escojo decir no a cosas o personas a las que hubiera aceptado más que complaciente cuando no existía la posibilidad y “sufría” por querer más de lo que podía.
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