Hiding place

Hiding place
Hide me from any, sorry! everyone

lunes, 29 de marzo de 2010

Z

Ahora sí dejó de ser serio para convertirse en algo importante. Últimamente he estado muy activa en lo que se refiere al mundo onírico. Casi todas las semanas sueño y me acuerdo de todo sin que pueda diferenciarlo, es decir, definir el recuerdo como un sueño y no como algo que pasó mientras estaba despierta. No queda clara la línea que separa los dos mundos, espacios, tiempos.
Además, en menos de dos semanas he soñado dos veces que lloro de la manera en que nunca lo hago, haciendo mucho ruido, mojándome las palmas de las manos hasta que quedan inservibles para secar de nuevo ese líquido catártico.

En fin, si los escribo no es exactamente porque quiera recordarlos todos, sino porque no quiero ser justine, no quiero tapar las cosas inventándome otras, quiero reconocerlas, y de pronto mostrar el fracaso cuando se conviertan en material valioso para el experimento del acuario.
Además de soñar de la manera descrita, me soñé con Žižek, con inglés y francés:

Estoy en la Universidad, tengo una clase a la que debo entrar, pero no alcanzo porque he sido escogida, sin concurso alguno, para acompañar a este señor, al que reconozco en el sueño, pero al que no le hablo, incluso después de saber redactar varias dudas que tengo.

En fin, me monto a una miniban blanca y nos llevan a los colegios que debemos. Estoy con otras dos personas que son los encargados de traducir lo que Žižek dirá en su idioma, que tiene un particular acento zapateado, como el de cualquiera que haya nacido en la Europa oriental. Ellos hablan entre ellos, nosédequé, pero constantemente. Yo le pregunto, creo que al conductor, si han hablado con la universidad, pues yo debía estar en esa clase de la que tengo ciertas dudas. Me dice que sí varias veces, no le creo, pero después de entrar al auditorio y sentarme al lado de uno de los intérpretes "profesionales" de Žižek, se me olvida esa clase, me doy cuenta que voy a disfrutar más esto, y ya no importa el espacio que debería estar ocupando, sino el vacío que estoy llenando.

Mientras caminábamos hacia la entrada, habían varias personas en el camino, no muchas, pero todas vestidas de negro. Nos sentamos pues, en el orden que ya había dicho, Žižek al frente del intérprete y la intrusa, que soy yo.

Él empieza a hablar, habla sobre tres conceptos que ahora no recuerdo, empezaban por M, y los tres se complementaban de una forma tan clara que la exposición no podía durar mucho más de lo que esa frase le acababa de robar al tiempo. Alguno de los intérpretes traducen lo que acaba de decir, deciden por medio de miradas quién se le medira a la gran hazaña. Para finalizar, Žižek dice algo sobre los cambios, lo sé, porque los intérpretes no fueron capaces de responder a su propia mirada y a la de los que, presentes, esperaban poder entender lo que acababa de decir; pero yo sí. Antes de intervenir, los miré a ellos, los "profesionales", me metí en el juego de miradas para saber si alguno se aventuraba a decir cualquier palabra antes que yo, que seguramente estaba pensando de manera equivocada lo que acababa de decir. Ante su incapacidad, logro hablar, aunque no sin dificultad. Recuerdo haber dicho primero: Il est en train de parler sur les changements [¡...!]corrijo en seguida y digo: the changes, con una voz bastante chillona que trata de enfatizar y conectar lo que venía diciendo con el final de la frase que, naturalmente, ya no recuerdo.

Todos sonríen y le aplauden a Žižek, él sale rápidamente y se monta en la ban blanca. Lo sigo, me siento dentro del carro y me doy cuenta que le pide al conductor que lo lleve al siguiente colegio, que parece escuela por ser más pequeño. Están dejando a los traductores detrás. Ellos corren y yo hago muecas por fuera de la ventana para que sepan donde vamos, para que nos sigan y corran, como si no fuera suficiente con que vieran al busesito alejándose. Para su fortuna, el colegio resultó ser muy cerca del anterior, y los traductores no tuvieron problema en llegar primero corriendo y después caminando el recorrido. Me pregunto de qué sirve una ban si no hay largas distancias, pero sigo a Žižek, con el que no he cruzado palabra alguna, al que ni siquiera he mirado a los ojos.

A la entrada de este colegio hay unas monjas que le cojen la mano a la personalidad que dije seguía, se lo llevan por un caminito hecho de cemento derecho, directo a nosédónde; mientras a mi, me guía un joven hacia una casa de varios pisos. Él sube primero, yo después, hay escaleras, y es difícil subir, toca pasar por encima de unos tubos y por debajo de otros, y es más alto de lo que creía. Llego hasta un punto, estoy encima de un tubo de madera naranja, al lado de una ventana alargada, de marcos naranjas también, casi cafés. El guía se da cuenta que paré, baja y me dice algo- no me acuerdo de casi nada en este momento- mueve la boca, supongo, pero nada más. Los profesionales suben, se acercan, veo a Žižek por la ventana devolviéndose y se acaba el sueño.

jueves, 18 de marzo de 2010

Pudrir

(Del lat. putrere). 1. tr. Hacer que una materia orgánica se altere y descomponga. U. t. c. prnl. 2. tr. Consumir, molestar, causar impaciencia o fastidio. U. t. c. prnl. 3. intr. Haber muerto, estar sepultado.

lunes, 8 de marzo de 2010

NotEnough

Laura Lucia González Marín

para sergiofajardo
mostrar detalles 27/02/10
Buenas noches,
De antemano le agradezco que se tome la molestia de le leer lo que me propongo a escribir.
¿Está consciente de la responsabilidad que siempre trae creer que el cambio es posible?
Es decir, su campaña, por la forma en la que la ha llevado a cabo, por el mensaje mismo, ha llevado a muchos colombianos a llenarse de esperanza y volver a creer que la política puede ser distinta. Sólo este paso es representativo, pues supone tener que dejar de lado, o por lo menos no basarse del todo, en las malas experiencias, las constantes promesas que nadie es capaz de cumplir después de que ya no depende de los "votantes" para mantenerse en el poder (Lo digo no porque la democracia deba funcionar así, sino porque acá funciona así. Los ciudadanos siguen sin merecerse del todo ese título, no hay control sobre lo público).
Entonces, no le estoy escribiendo para preguntarle qué va a hacer respecto a cada problema que nos agobia: la seguridad, la salud, la educación, las relaciones internacionales o la economía. No dejo de preguntarle por la agenda de gobierno en la que está pensando, no porque me parezca irrelevante, sino porque el objeto de este correo es otro.
Yo le escribo, para recordarle la importancia, la responsabilidad que tiene impulsar a la gente a creer, después de que ya habían dejado de hacerlo, le escribo para sugerirle, que por favor, si no cree en cada palabra de aliento, de confianza para albergar nuevamente en nosotros la esperanza, la posilidad de cambio, no lo haga; porque más daño que el que han hecho tantos años de lo mismo, de corrupción asfixiante, de olvido de la base humana del Estado, de violencia y mentiras; es un discurso que promueva lo contrario y que finalmente se ahogue, se rinda a esa tradición política que criticaba.
¿Porqué escribirle ésto? Pues verá, hace dos semanas, leí en una clase la directiva 10 de 2002 del presidente Uribe que hablaba de una nueva cultura de lo público, de la necesidad de eliminar la politiquería y e clientelismo para poder asegurar un mejoramiento en las finanzas públicas y por lo tanto en los indicadores sociales. Pensaba en lo fácil que se ha vuelto hablar para la gente, como si las palabras no fueran capaces de crear compromisos a futuro vinculantes, como si fueran, por el simple hecho de estar escritas en un papel o en la garganta o en los oídos de la gente, fácilmente pisoteadas, olvidadas y mediatizadas para conseguir fines mucho menos nobles que lo que su propia definición nos indicaría. Pensé también en las elecciones, en lo difícil que se hace creer en las palabras de las personas cuando están necesitadas, en este caso de mi voto, del de todos.
Busqué después las campañas, los slogans, las propuestas y las publicidades que en este momento abundan. Re-encontré la suya, y quise asegurarme, ahora que todavía existe la posibilidad, aunque pequeña, de que Usted sea quien reciba este correo, lo lea y lo responda si lo cree necesario, de advertirle sobre la importancia de las palabras que usa y también sobre la confianza que me arriesgo a depositarr en Usted al creerle.
Aclaro, para que no se asuste, que ser depositario de mi confianza no significa que sea depositario de mi responsabilidad. No pretendo deshacerme de ésta.
Espero que este país se dé la oportunidad de creer, y que Usted, Sergio Fajardo,sea responsable del sentido de las palabras respeto, decencia y dignidad.
Muchas gracias por su tiempo y su atención,
LauraLucía
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Sergio Fajardo

para usuario
mostrar detalles 28/02/10

Mi Querida Laura Lucía,

Tremendas tus palabras, pero ciertas. Ten la certeza de que he pensado muchas veces sobre lo que dices y tengo conciencia de mi responsabilidad. No te preocupes, nunca fallaré, un abrazo, Sergio.

De: Laura Lucia González Marín [mailto:lauraluciagonzalezmarin@gmail.com] Enviado el: Sábado, 27 de Febrero de 2010 11:26 p.m. Para: sergiofajardo@une.net.co Asunto: Mensaje

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Se certificó que el correo entrante no contiene virus. Comprobada por AVG - www.avg.es Versión: 9.0.733 / Base de datos de virus: 271.1.1/2713 - Fecha de la versión: 02/27/10 14:34:00

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LauraLucía

martes, 19 de enero de 2010

Concupiscencia

1. f. En la moral católica, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos.

Para que la definción sea más clara, me atrevo a ajustar la entrada después de haberla publicado, después de los comentarios. Espero no importe.

deshonesto, ta. 2. adj. No conforme a razón ni a las ideas recibidas por buenas. 3. adj. ant. Grosero, descortés, indecoroso.

Confesonario

Escribir sobre el miedo de reconocer un modelo de mujer que no me agrada. Darme cuenta que a pesar de muchas cosas, soy una y lo seguiré siendo, por mucho que le duela a la feminidad o a los tipos a los que les he dicho que no.

Desde siempre, pero esta navidad de manera más acentuada, he estado pensando sobre lo que se crea alrededor de la mujer para darle un sentido. Siento que hay imágenes, historias, palabras que toman tal fuerza que después no hay nada que pueda evitar que se vuelvan reales. Y ante la resistencia, siempre hay algo que se pierde...

No sé por dónde empezar, hay varias cosas que quiero tocar, veremos si me alcanzan los dedos.

Supongamos que el orden, ser capaz de malograrlo en cualquier medida, es algo bueno. Siendo así, enumeraré, aunque sólo sea un adorno pendejo que trate de decir que soy seria.

Primero, esta navidad, la del 2009, me he dado cuenta que de 7 primas con más de 18 años, hay 5 que ya tienen bebés. De esas 5, 4 lo tuvieron, a su hijo, entre los 18 y los 20. Yo tengo 20… mmm ¿a dónde vas, querida? Voy… a decir lo siguiente, a escribirlo primero, claro. Me da miedo eso, esa vida, tener que estar cargando un bebé y cambiarlo y darle el tetero y esas cosas. No importa lo bonito que digan que es, ni cuán normal parezca ya esta noticia para los papás, es decir, los abuelos. No importa nada, no importa si tiene ojos azules o cafés, si tiene el pelo amarillo o no, si es negro o blanco, si ya creció un poquito y tiene 6 años o si por el contrario apenas empieza su desarrollo; no importa nada, de mi intención por sonreírles sólo resulta una mueca que los hace llorar y que hace que los grandes se rían de mi cara de asombro, según ellos.

Ja! ¡Grandes?, grande yo sentada en la parte de atrás del salón con gafas y paladar. Sí, más grande yo cuando tenía 10 años que ellos que ahora tienen un poquito más. ¡Grandes?¿Grande vivir en la casa de mis papás con mi hijo y mi novio, convertido en esposo por este pequeño compromiso? ¡Grande? ¿Grande quedarme en una casa limpiando y cocinando, durmiendo y comiendo? ¡Grande?

No jodás! Grande es otra cosa. ¿Qué quieres ser cuando crezcas, cuando seas grande?

-Cuando sea grande quiero ser _____ [fill in the blanks]

Eso era ser grande! Ser lo que uno quisiera, no lo que tocó y consentí. No lo único que queda por hacer, no repetir lo poquito que pude ver. Nononono. [Confieso, confieso que escupir esto me da miedo, definitivamente no quiero que me caiga en la valiente y orgullosa cara. No me gusta mi saliva, es más, yo nunca me daría un beso...]

¿Miedo?. Sí, miedo a esto, a que el peso de la historia sea más fuerte que la voluntad, que cualquier decisión. Miedo a que un roto en un condón no me deje decidir, a que el 99% de efectividad de los anticonceptivos no me toquen y sólo quede con el maldito 1...

Sí, definitivamente estoy traumatizada, siempre he tenido miedo a caer en esa marcha incansable de martillos, a ser el argumento del que no cree y no hace nada, y no el respaldo de la fe en una semilla que puede dar distintos frutos…

Segundo, sobre las "mujeres buenas"...

[El numeral 2 y 3 estarán en próximas entradas]

lunes, 4 de enero de 2010

DanielaNodirémiapellido.

Estoy esperando a una amiga de Bogotá para empezar ferias. Viene mañana, el día del cumpleaños de Daniela. Dormí hasta las tres de la tarde, desde las 2, creo. La verdad no me da sueño en estos días, creo que podría pasar derecho sin mayor esfuerzo, pero igual, si me acuesto, incluso sin sentir que necesito descansar, me duermo casi inmediatamente. Eso pasó esta tarde, me acosté en la cama de mis papás mientras se iban y dormí hasta las 3. Tuve el siguiente sueño:

Daniela y yo íbamos a esperar a Carolina. Íbamos hacia el terminal, que resultó ser algo muy parecido a una fonda, aunque eso lo supe después. Cuando llegamos al terminal ella se subió a un bus muy viejo y dañado. No sabía a dónde iba, pero la seguí, me monté en el bus con la maleta sobre la espalda mientras trataba de contestar mi celular, creo que era mi mamá. Mientras yo hablaba, explicándole dónde estaba, Daniela se salió del bus, como si se hubiera acordado de algo que no podía dejar. Yo estaba enredada con la maleta y el celular y la miré por el vidrio de atrás, seguía teniendo el celular en mi mano, pero ya no había conversación.

Primero pensé que después me alcanzaría, pero como todavía seguía lloviendo mientras el bus se alejaba del terminal, me bajé y pensé que era mejor ir a buscarla. Me tapé con la maleta y llegué hasta el supuesto terminal que parecía más una fonda. Me senté en una silla hecha de troncos de madera, dos como base y uno más largo partido a la mitad sobre ellos. Alguien tomó mi orden, no me acuerdo que era, de pronto agua o una gaseosa.

La parte que sigue no la recuerdo muy bien. Creo que apareció un bebé en un coche mientras con los codos encima de la madera esperaba algo. Creo también que me dolía, pensaba en el hecho de salirme del bus, de haberla cagado y no poder encontrarla. Me sentía desubicada. Después llegó Daniela y se sentó en la silla que hacía parte de la misma mesa, pero en la de enfrente para poder mirarme de frente. Llegó con alguien, no me acuerdo muy bien, de pronto F o una vieja del colombo. Después llegó un extranjero, creí que era un alemán, porque no le entendí nada cuando después dijo cualquier cosa. Ahh! Podría ser cualquiera, pero pensé en ese momento que era un alemán, no un ruso, un gringo, un finés o un polaco. Un alemán.

Cuando llegó y se sentó puso sus pies encima de un tronco que estaba diagonal a ella, a Daniela. Vi las botas, las brama. [Es impresionante cómo los sueños resultan tantas veces en una combinación de imágenes acomodadas aparentemente sin lógica alguna]. Me preguntó cómo había llegado ahí. Le conté la historia, la que acabo de escribir. Me acuerdo muy bien que se la contaba con un aire de tristeza, con ganas de llorar; aunque no con la intensión de ser la víctima y de que ella sintiera lástima. Sentí los ojos húmedos, las lágrimas temblando en el borde de los párpados y yo tratando de concentrarme en hablar con tal destreza que la respiración y el agua en constante creación no chocaran con las palabras. Terminé con “éxito”, sin lágrimas rodando incesantemente por mis mejillas, tttt, nada de eso. Daniela, en cambio, lloró una sóla lágrima mientras le contaba la historia. La pude ver bien, pues contrastaba con la cara que en un momento parecía imperturbable.

Después de terminar mi historia, empezó a explicarme. Alguien se iba a quedar en su casa, el alemán que estaba de intercambio, y ella lo había olvidado. Había vuelto por él, que ahora hablaba o balbuceaba cualquier cosa en inglés que no entendía.

La explicación estaba con un tinte de remordimiento y el alemán queriendo ayudar, nos había invitado a pintar el terminal por fuera con una pintura que revolvía en un sombrero negro. No era muy delicado mientras lo hacía, y me di cuenta, por los regueros que dejaba alrededor, que la pintura era rosada. Teníamos la intensión de hacerlo, incluso nos había parecido una buena idea, pero sonó el teléfono varias veces y logró sacarme de la fonda, aunque lentamente, sabiendo que estaba pasando de un mundo a otro.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Un carro, un carro en el que estamos mi papá, mis hermanos y yo. El carro se queda sin frenos y todos sabemos que nos vamos a morir. Decidimos contabilizar el tiempo que nos queda y jugamos cartas mientras bajamos por la montaña, seguros de que no queda mucho tiempo. Me acuerdo de unos espejos y unas cartas que un amigo me dio detrás de unas cortinas mientras me cogía la mano. De un momento a otro el carro para, de la montaña caemos a la calle que perpendicular impide que sigamos bajando.

¡Qué malos somos con las predicciones!

Todos salimos y miramos el carro que amenaza con explotar por los daños de la brusca bajada por la montaña. Mientras miro, esperando ver el fuego que consuma el carro rojo y sin frenos, un policía llega y me dice que tengo que recoger las cosas que están dentro de ese carro: el morral de Sergio, el ipod y un cuaderno. Obediente me dispongo a hacerlo.

Me acerco al carro y me agacho para buscar eso que tengo que sacar. Miedo, no encuentro nada y tengo que acercar mucho la cara a la parte que espero explote, muevo las manos… ¡Nada! Puto policía, me salvo del choque, pero no del destino, no? Veo el ipod en la parte de adelante, en el piso cerca del acelerador, y el morral lo siento debajo de la silla donde siempre se sentaba mi mamá.

Bueno, puede ser que me salve, recojo el ipod y siento la cara caliente…

Ahhh… ahora el morral de niña. Meto la mano debajo de la silla pero no lo alcanzo, qué tan larga es una silla? No es una pregunta que me importe. Lo único en lo que pienso, lo único que se me viene a la cabeza es lo que creo vería por última vez, una explosión de colores amarillo, rojo y blanco.

El carro suena más, siento la cara más caliente, muevo los dedos desesperadamente, cierro los ojos, creo que ya no es necesario pensar en la imagen porque ya casi la podré ver, pero igual, insisto en alargar un poco el tiempo. Lo agarré, agarré el plástico del morral, ahora sólo saco el brazo de ahí y corro, abro los ojos. Tomo aire… La imagen resultó ser sólo blanca.

Abro los ojos nuevamente. Despierto, respiro.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Madrugada sábado19dic

Duermo en una casa de contrastes grises. Paredes muy altas con puertas pequeñas y negras.

A mitad de la noche me despierto y voy al baño, tengo que orinar. Abro la puerta del baño y miro el inodoro, hay 4 o 5 ratas grises ahí. Suelto el agua para que se vayan, todas lo hacen menos una. Decido cogerla, meto la mano en el inodoro, me mojo la mano y saco la rata. La sostengo con las dos manos, mientras la cabeza y las patas traseras quedan por fuera.

La miro mientras se retuerce y sin pensarlo mucho, la mato. La golpeo contra el piso de cemento varias veces, hasta que la cabeza deja de sostenerse, hasta que algo de sangre mancha el piso y los dedos. La tiro, pienso que ahora puedo orinar tranquila.

Orino, pero las ratas que pensé se habían ido, me muerden los dedos. No hay dolor, pero empiezo a pensarlo, a crearlo, cuando veo que mis manos están carcomidas, rojas por la sangre y ya sin piel.

La construcción del dolor es interrumpida. Me despierto. Tengo que ir al baño.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Amor seco.

Nombre que designa diversas especies de plantas herbáceas cuyos frutos espinosos se adhieren al pelo, a la ropa, etc.

Hay frutos y espinas, ¿qué más puedo pedir?

[La definición y el comentario fueron antes mostrados a Daniela para respaldar sus afirmaciones sobre mi forma de proceder. Gracias, cucu]

sábado, 12 de diciembre de 2009

Experimento 1:Teatro simultáneo/ Acuario

Se espera poder hacer una obra de teatro con tres pisos que el espectador pueda ver de manera simultánea. La idea es la siguiente:

Alguien duerme en el medio. Sueña, lo recuerda arriba y lo reconstruye abajo a su antojo, pues el recuerdo permanece secreto.

El ejemplo con Justine, sólo busca hacer de los sueños puertas a los secretos que suelen ser poco ortodoxos, nada aceptados socialmente y por lo tanto muchas veces causa de vergüenza por pretenderlo, involuntariamente, real en un mundo onírico. La Justine del Marqués de Sade, es una mujer que “preferiría siempre, no importa cuáles sean sus espinas, a la virtud que a los peligrosos favores que acompañan el crimen”; y que presa de la mala suerte, del destino, hace parte de la lujuria, los excesos carnales de muchos hombres, siendo ésta la única opción viable para sobrevivir.

Injusticia. Se culpa entonces a la sociedad sucia y demente que la rodea y se aprovecha; y a pesar de ser una existencia totalmente contraria a lo que quiere, logra permanecer viva al poder señalar las causas de sus pecados y de su vergüenza más allá de su propio cuerpo, lleno de cicatrices que se lo recuerdan.

Si el paso de la virtud al pecado (descrita con bastantes detalles en el libro “Justine”) se da en un sueño, en alguno de Justine, mientras duerme después de haber vivido un día dentro de una realidad justa, pues la lleva de acuerdo a todos los dogmas que defiende; no habrá nadie a quien culpar.

Imaginar a Justine con sueños sádicos que no quiere hacer realidad, supone una reflexión por su parte (desconozco cuál podría ser la reacción que viene justo después de abrir los ojos, mientras lo recuerda todo), casi un plan para impedirlo. El plan deberá ser muy elaborado porque la amenaza está dentro de ella… el gusano dentro de la manzana (me gusta tanto esta imagen).

Se trata de montar una obra de teatro con esta protagonista dentro de la realidad que “desea” y unos sueños que no puede ignorar o relatar fielmente. La idea es mostrar cómo los recuerdos pueden estar subordinados a una estética y una lógica predeterminada, cómo se crean bases para mantener la misma ilusión de realidad a costa de que el alma se mantenga secreta. Más allá de esto no tengo muy claro qué pase en la realidad rosada (el último piso) de pronto enloquece, se suicida, espera una invitación, prueba para después superarlo? Qué sé yo.

Esto se podría hacer con muchas “historias” distintas… haciendo comparaciones entre lo que “es” en secreto y lo que se “creó” para mantenerlo así.

Hay que empezar, ya estamos en el purgatorio.

jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Mequieres?-

Me siento y me obligo a escribir, no me obligo a querer, no serviría de nada; me obligo a cumplir tratando de darle disciplina a esta voluntad que últimamente actúa sólo después de varias resistencias, fricciones con el entorno. [Ficciones]
La semana pasada, estando frente a una pantalla, trataba de entender las sensaciones de los protagonistas de la película. Lo único que entendí es que tanto dulce no me hace bien. Reitero entonces, mi disgusto por la cursilería y el drama propios de “los amores eternos” que han resultado ser tan buena mercancía, el ingrediente perfecto de un best-seller o un blockbuster. Bah...
Alguien me había contado que le encantaban la película y los libros estos, porque era la relación que esperaba tener, entiéndase por relación, pareja. No tenía idea de qué me hablaba, pero esperé mucho más que un protagonista que es capaz de seguir todos los clichés sobre el amor y toda esa cuestión…
Yo no sigo eso ni nada, al parecer lo único que hago es correr y aterrarme, callarme…
No, yo sé, lo mío por ser lo opuesto, es muy parecido. Los dos son tipos de cobardía. Uno es desespero por hacer parte de las imágenes de películas mal hechas, mientras el otro es desdén, malestar frente a lo conocido, a eso que siendo desconocido, porque todavía no ha pasado; parece posible sólo a través de un camino, el de siempre.
En fin, corro, callo, la cago, pero no ruego. Si nadie es capaz de permanecer ahí, esperar o entender, entonces no vale mi pena.
Y sí quise algo distinto, pero eso ya no depende de mí, nunca debió depender de mí, soy un puto rosario de contradicciones: sí, no, tal vez. Ese rosario al que nadie le reza, ni le pide o promete, ese que nadie quiere colgarse al cuello. Pero, ¡No faltaba más! Es mi rosario, mi cuello.
Me esfuerzo por encontrar un punto medio, y eso resulta siendo, sin saber cómo, cualquiera de los extremos. Es por eso que casi siempre puedo hacer parte de mis críticas.
-No me preguntes que te voy a decir la verdad, una parte de la mía [].

martes, 17 de noviembre de 2009

Dulce♫

Segundo, me emputa que la imagen de la mujer buena todavía se reduzca a su responsabilidad por la familia. Yo entiendo la importancia que tiene la familia y la mujer dentro de ésta. Estudié en un colegio del opus y mi familia todavía sigue muy arraigada a esa idea, a esa que va acompañada a la fobia por los solterones y por los hombres que no responden. Entonces, claro que sé sobre la importancia de la mujer. Incluso sé que se ha vuelto un problema que las mujeres en los países desarrollados no quieran tener hijos ni familia pues la nación se queda sin materia prima que garantice el movimiento de la economía del país y mantenga a los viejos, que jubilados, creen poder VIVIR después de tanto trabajo y esfuerzo. Sé, pero por el momento, no me parece atractiva la idea en lo más mínimo.

Saliéndonos un poco de mi disgusto por siquiera pensar en tener hijos, hoy o mañana, quiero tratar de definir lo que, aparentemente, todos los hombres buscan: una mujer buena.

La mujer buena es aquella con la que los hombres se quieren casar, la que quieren como mamá de sus hijos (imposible salirse de este tema si hablo del rol de la mujer). Por eso el matrimonio era una forma de demostrar que sus hijas eran buenas, que habían terminado con un buen hombre. Un día, hablando con mi abuelo, que debe tener casi 80 años, nos dijo que él, que había bebido y aguantado hambre por volarse de su casa, se había casado con una buena mujer, después de mucho buscar.

Encontrar mujeres buenas no es fácil- dijo.

Y para que no digan que sólo estoy hablando de otro siglo, por citar a mi abuelo, y que esto nada tiene que ver con lo que pasa ahora, también cito a las compañeras de mi salón, o las niñas de mi universidad, que ni siquiera compañeras son. Las primeras me dijeron una vez que teníamos que dejar de decir groserías porque a los tipos no les gustaban las mujeres que decían groserías. Yo ya había empezado a decirlas desde octavo, y en adelante de manera creciente. Al final uno llega a un tope, no se pueden reemplazar todas las palabras por unas groserías, no es la idea tampoco; pero sí han sabido expresar la idea muchas veces, sin necesidad de explicarme demasiado, lo cual resulta recurrente. Las segundas hablan de tipos que las sostengan cuando terminen su carrera, de la edad en la que quieren tener hijos, de la necesidad inmediata de tener un novio, un compromiso serio que certifique que pueden gustar, que son deseables.

Partiendo de esto, podemos decir que una mujer buena es pues una que cuida de su esposo y sus hijos, una mujer fiel y algo sometida, supongo. Además, podríamos decir que un buen hombre, es aquel que está dispuesto a casarse y a responder, no sólo económicamente, por sus hijos y su esposa.

Esta definición puedo complementarla porque estuve presente el día en que mi abuelo, algo tomado e indignado por tener que presenciar la sola existencia de hombres mantenidos, nos dijo lo que para él era un hombre bueno para una mujer:

“Un hombre bueno para una mujer, es aquel que es berraco, toma trago y es capaz de responder por su familia. Un huevón, no!”.

[Sí que me gustan estos momentos familiares, aunque no siempre sean en familia]

Y entonces, creo que he llegado al punto común que comparten las definiciones sobre un buen género, aunque no necesariamente un buen sexo, en esta época, que es finalmente de la que estoy hablando.

[Lo que menos quiero, porque lo considero algo anacrónico, es juzgar lo que piensan mis abuelos, cómo creyeron que debían vivir su vida. No, no es esto lo que me propongo, porque así no lo comparta, atesoro las historias, y atesoro mucho más el hecho de que hayan hecho parte de algo, de que se lo hayan creído en serio.]

En esta época, generación si se quiere, de la que soy juez y parte, los hombres y las mujeres “buenos” (ya dije que se ha mantenido la definición de hace unos años, aunque de una manera velada), son mojigatos; dulces. Niñas que dicen que llegarán vírgenes al matrimonio y se desesperan por casarse sin tener más de 20 años, para poder cumplir y poder dormir en las noches si caen bajo la presión; o cuando el hombre dice que le encanta ver escenas de lesbianas o porno, pero no puede soportar que su pareja, suponiendo que le importe lo suficiente para darle ese nombre, lo haga.

“mojigato, ta. (De *mojo, voz para llamar al gato, y gato). 1. adj. Que afecta humildad o cobardía para lograr su intento en la ocasión. U. t. c. s. 2. adj. Beato hazañero que hace escrúpulo de todo. U. m. c. s.”

[De todo lo que escribo podrán haber excepciones, siempre las habrán y en distintos grados, pero me abstendré de mencionar constantemente que no soy injusta, simplemente porque dije que lo era, a pesar de ser consciente de que existe gente distinta]

miércoles, 28 de octubre de 2009

Duermo, duermo muchísimo, me levanto y tengo sueño, y entre más duermo más sueño, y claro, más me arden los ojos. Me levanto tarde, creo que no me bañé, pero ya no me acuerdo...

Alguien sonriente me cuenta sobre su exitoso reconocimiento, y me alegra, en serio. Me habla después de lo que le dijeron que debería hacer frente a ciertas cosas, las reacciones que uno debería tener, las que son saludables y no dejan que nada se vaya acumulando dentro, las que permiten que estés limpiecita todo el tiempo. No me alegra eso. Alguien diciéndome cómo tengo que hablar, sorprenderme, reírme?, ¿cómo estar limpia? ¿cómo ser saludable? Me arden mucho más los ojos ahora, le trato de explicar que esa no es la idea de ir donde un psicólogo, pero me habla de lo beneficioso que ha resultado hablar con alguien sobre todo lo que tenía guardado; no dudo que lo haya sido, pero sigo con la idea. No voy donde nadie para que me diga lo que tengo que hacer, ayuda es una cosa que se puede confundir con silencios y consejos; reglas de acción son otras. Las últimas no las acepto. Punto.

La conversación sigue, me cuenta sobre las conclusiones a las que le han ayudado a llegar, según eso, se ha dado cuenta de que no puede sola…

-Ahhh? No, ya no más, voy para asegurarme de que esto siga siendo sólo ardor. Adiós, felicitaciones por tus descubrimientos.

Algo estalla en la calle, la gente corre y se calma, vuelve a sonar, corre más gente. Miedo, sí, la gente que se tapa media cara da miedo, pero en fin, no me moví, no me ardieron los ojos. Después veo un ratón muerto en la esquina y siento como si me dijeran: “Si sigue llorando por nada, le voy a dar razones para que llore por algo, carajo!”. Fair enough.

sábado, 24 de octubre de 2009

Be brave!

Empecemos por el principio. Algo encontré. Parece ser que después de las groserías del momento, de estar a la defensiva siempre, pasando por mal educada, sólo queda la voluntad expresa de no reprochar ni preguntar demasiado, la voluntad, el compromiso de estar ahí y escuchar, nada más, sin peleas ni gritos justificados por un claro irrespeto. Se diluyen las ganas de hacer eso, de hacer respetar lo mío cuando alguien se cree autoridad en campos totalmente ajenos… ¡Puta! Me estoy demorando demasiado, estoy siendo demasiado condescendiente, estoy dando demasiadas prórrogas, demasiadas exenciones, muchas reflexiones… porqué tiene que ser esto tan complicado?!. Igual, sé que “hacerle tanta conciencia a las cosas no me va a dejar vivir tranquila” es cierto, pero se ha vuelto casi involuntaria, ¡una conciencia involuntaria! Imagínese eso...

“Eso se oye muy feo”. Claro, cómo no si le acabo de decir que hay momentos en los que no me interesa conocer a nadie, sino que sólo me interesa su capacidad de saciar las ganas, producto de la voluntaria abstinencia y de sus comentarios que aún soy incapaz de clasificar. Cómo no va a sonar feo si le digo que me dejo llevar por los sentidos, por las apetencias que no distinguen entre un buen gusto o no. Sí, suena feo, y?.

Comentarios que afilados, muchas veces me dejan perdida cuando muestran un camino claro de reproche, regaño o descripción de existencia: lo que se dice en broma casi siempre es verdad, pero mantiene presente la garantía que dan las risas si las cosas no salen como uno lo esperaba, si el público no estaba preparado, si hiero susceptibilidades o si soy injusta cuando establezco rápidamente, tal vez demasiado, la relación entre experiencia ajena y escala de valores.

Qué fea sensación, cómo comentarios que podría hacer cualquiera los hace usted que no está lejos.

Lo mejor es tratar de ser menos influenciable, pero sobre todo menos nostálgica, más decidida a hacer y vivir con eso, a aceptar consecuencias, a encontrar otros caminos. Decido hacer, conocer, experimentar, dejando de lado las culpabilidades que puedan surgir propias de la educación, quiero ser un poquito más libre, quiero desafiarME, poder salir con ojos que estén sólo lo suficientemente irritados para poder ver lo que queda después.

Sé que cuando escribo así, cuando todo está en la lengua, escurriéndose por los labios y los dedos, soy injusta, demasiado emotiva, demasiado descriptiva, de pronto. Por ahora no importa, veremos después y espero, claro, tener la valentía de aceptarlo cuando otras variables se hagan más visibles, cuando tomar posición sea algo más desarrollado.

Juego a quedarme quieta, a ser el medio que son incapaces de manipular, a mostrar cómo el fin es un vacío. Juego a ser la excusa para que encuentren reproches que estando dentro de sí sean incapaces de ignorar. Juego a odiar y superar a través del silencio.

No. No más juegos, mirá que no hay repuestos.

sábado, 3 de octubre de 2009

Fluidos

Este semestre, no sé, las cosas no han ido como deberían, mi voluntad se resiste a hacer lo que debe, los ojos se resisten a dormir cuando pueden y mi garganta se resiste a dejar pasar la comida, pero bueno, ¿para qué están los dedos pues?
Para tocarme la cara, taparla un rato y darle un momento a la fugaz voluntad; para abrir los ojos cuando deciden escribir, los dedos; para tocar la cabeza mientras me acurruco sobre ellos hasta no sentirlos, y poder dormirme, soñar con cosas que me recuerdan propósitos que he sabido posponer; ¿para qué más sirven los dedos?, para empujar y arrancar cuidadosamente de los labios la piel que ya se cae, seca por la sangre.
Sangre, ya no la voy a botar más, mejor dono. Doné el mismo día que leí las palabras que me hicieron abrir la boca lo suficiente como para traer el aire que, demasiado contaminado, no dejaba que caminara sin tener la imagen del piso en la cara, la sensación de que pronto una pared, un poste, una persona o el piso me despertaran, hicieran resistencia a la monotonía de los pasos que se repiten y me llevan no sé a dónde.
Llego, lleno el papel y paso a la mesa del señor al que es imposible esquivarle la mirada. Revisa las respuestas, me pregunta por unas, le aclaro. La aclaración hizo un amigo: Hmm con que no eres de acá. ¿Dónde vives?, ¿hace mucho?, ¿qué estudias? Los números de siempre, al final las letras. Esa información ya me la aprendí, aunque no sirva sino para dar lugar a excesos…
Su brazo, le voy a tomar la tensión. Claro. Después de sentir lo de siempre: que aprietan el brazo, que lo amarran, lo asfixian y después lo dejan respirar de a poquitos, me pregunta si estoy preocupada: Niña está preocupada?
-Eee… no, de pronto… no sé, ¿por qué lo dice señor?
-Se lo digo por la tensión.
Qué mal, siempre quedo ahí, sin ninguna oración coherente que me saque de esa pregunta, victoriosa, sin ojos que traten de entender lo que ni siquiera yo puedo. No sé responder bajo presión, lo único nuevo que encontré, con el tiempo encima, fue una silla que temblaba y el calor en el cuerpo al que no se puede contrastar nada, porque el ambiente está tibio. Ante eso, soy incapaz de arreglar ideas, de escribir, de pensar en algo que valga la pena.
Después pedí calma, menos sensaciones... nada, sólo llegó ese olor que se pega a todo, a mí, a las cortinas, a los dedos, al espacio, a mi pelo... En fin, así ya no me sirve...
Siempre he preferido un olor que me llame con recuerdos en una avenida, sin que logre encontrar nada; prefiero el olor de cada persona, de cada momento.
Además, oler el empaque es comer dos veces…

domingo, 30 de agosto de 2009

¿Cómo llenar un formato de hoja de vida para no ser colegial? Sea real, diviértase con las respuestas.

Puntos claves, posibles respuestas para alcanzar el objetivo ya descrito:
Descripción del Núcleo Familiar: En este punto elabore una breve y clara descripción de su Familia y de su lugar y papel en ella. Mi familia está compuesta por mis 2 hermanos (menores que yo) y mis 2 papás. Todos vivimos en la misma casa, yo también, aunque solo cuando vuelvo para pasar las vacaciones. Se podría decir que mi papel en la familia se encuentra justo después del de mis papás y antes de mis hermanos (soy la mayor). No creo tener un papel definido dentro de la familia, intercambiamos roles dependiendo de la situación.
Información Personal: - Colegio(s) de Educación Básica y Media en donde estudió: Colegio Nuestra Señora del Rosario y Gimnasio los Cerezos. Manizales, Caldas. - Idiomas que maneja: Inglés y Francés.
Descripción Personal: En este punto, elabore una breve descripción suya en términos de personalidad, virtudes y defectos, aspiraciones y cualquier otra característica que quisiera destacar. Podría decirse que soy algo temperamental, poco racional, apasionada y muy convencida de que la única opción distinta a existir, en mi caso a provocar cambios, a ser conciente y ayudar, a no dejar pasar el presente por el frente sin que yo intervenga, es la muerte.
Reconocimientos académicos Reconocimientos Académicos obtenidos en su Colegio y en la Universidad : Relacione los reconocimientos académicos recibidos en su vida de Colegio y de Universidad En el colegio me iba bien, aunque no recuerdo ningún reconocimiento académico. Igual me ha pasado en la universidad, por lo cual se me hace imposible relacionarlos.
Producción Académica Relacione artículos, documentos, investigaciones, ponencias y en general producción académica en la que haya participado, que merecieron un reconocimiento público, de sus compañeros o de sus profesores. Ninguno que haya merecido reconocimiento público, aún así, he escrito varios documentos cuya elaboración y “finalización” han sido causantes de una felicidad que no puede ser comparada con el reconocimiento público.
PARTICIPACION EN LA VIDA DE LA UNIVERSIDAD No pertenezco, ni he pertenecido a ningún programa de monitorías o comité, por lo tanto no hay ninguna experiencia que deban conocer.

jueves, 27 de agosto de 2009

Siempre Sci-Fi.

Ya sé porqué es… porqué usted y no los demás. Señor, no podría haberme mostrado, durante este tiempo, más vulnerable y patética frente a usted, más humilde, sin defensa alguna, más auténtica, lo más que se puede ser cuando hay en la mitad una pantalla. Siendo así, usted es, me atrevería a decir que el único, que no se ha aprovechado de esa situación de mando que le confiere tener demasiada información valiosa y restringida. Usted es quien estando dentro no hace reproches ni comentarios que fastidian. Ya sé porqué sigo enganchada, es eso, usted no hace lo que yo quiero, no podría ser más claro, pero no juzga, no apunta, no utiliza su índice sino para limpiarle los labios a cualquier otra vieja… ajkbvzh! Está bien, mejor así.

lunes, 10 de agosto de 2009

De viajes con <>

I don't like this. Il ne me plaît pas.
Querer estar allá, vivir y dejar de suponer. Dejar de querer hacer parte de los que se creen tan interesantes como para hablar de lo que no conocen, en un idioma que no conocen, en un lugar en el que se sienten alguien: lejos de las referencias, para no tener a la realidad como constante contraargumento.
Me desilusiono desde lejos. No sabría decir si es una especie de advertencia o es la ansiedad que genera estar pensando en futuros, futuros lejanos de un presente sofocante.
Acá y ahora. Algo sube por la garganta, me toco el pecho, algo preguntan, pienso, controlo la sensación y respondo satisfactoriamente.
Se podría decir que es impotencia contagiada de desconfianza y la certeza de no saber mayor cosa. Como si no estuviera lo suficientemente preparada para dar el salto, pero incluso así, me obligo a no olvidar, a impedir que el desastre de las lagunas lleguen a estos sitios que significarán oportunidades futuras a partir de momentos que fueron un regalo.
Oportunidades, utilidad, por ahora sólo cuentos y letricas vueltas palabras bobas como estas.
No me imagino... quiero no hacerlo. Las expectativas tienen la facilidad de cagarse la realidad al exigirle demasiado al azar y a los demás. Espero, eso sí, poder reconocer sensaciones invasoras y respirar hondo.
Quiero ir sin límites de estancia, de ningún tipo. Devolverme cuando mi malcriada voluntad lo considere conveniente: rápido o despacio, inmediatamente o con varios pasos, varias escalas, después de dormir o abrir las piernas en lugares inadecuados; cuando quiera, como quiera, con quien quiera. Quiero poder, quiero eliminar las opiniones que técnicas, pretenden ayudar.
Hablar de regalos que traen recuerdos de deseos que todavía no enmarco en imágenes no se ve muy bien. ¿Mejor esto que vivir de recuerdos enmarcados como lo hacen niñas de esa clase -impotente ante su objetivo: traer la historia, el arte de manera más fiel por hacerlo en francés- que sólo logran ir y volver con algo más de acento, con más mundo enmarcado en los mismos dedos? Uhhh, cómo evitar desencadenar en esto: la leve sensación de estar quedada, de necesitar aire.
No se evita. Leo “Les chansons de Bilitis”, las letras que tengo de Francia, la tarea, experimentadas de manera incompleta acá y sin conciencia alguna. Así no vale.
-Usted podría?- preguntamos.
-No sé. Sería extraño, no sabría cómo... la posición...
-Claro, usted es un hombre, no? Dicen que es más difícil...
Bueno, siempre hay propuestas "indecentes". Sólo falta voluntad... también falta tiempo para escribir y leer, tiempo para (no) perder…
____
-Esto es una cochinada... me hacen perder el tiempo y pago demasiado. Sólo hay profesores extras...
Pienso que la cosa no es de profesores. Además, es una lástima quejarse tanto, reconociendo claramente lo que le incomoda, y seguir ahí.
-... jajajaja, no siga más.
-"No estoy siendo útil".
-No se preocupe, Hegel dice que...
-"...tranquila, no es necesario justificar la inutilidad y el gusto de leer cuentos y escribir este tipo de cosas con utilidades futuras. Me siento... es algo más simple que las predicciones de las que me habla".
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Quiero cuentos, cuentos y poemas.
Entre tensiones me muevo, entre puntos suspensivos me pienso, entre mis dedos veo y siento, lo juro.

domingo, 9 de agosto de 2009

Suckmykiss

Hace dos días he pensado en violar el “espacio vital” de la gente de Bogotá. Acá es tan fácil sentirse amenazado si alguien habla muy cerca y de repente, mucho más si llega a haber contacto físico. Entonces, lo que quiero hacer es darle un pico a una persona totalmente desconocida y hacer como si nada hubiera pasado ante los posibles reproches de invasión. Espero publicar los videos o fotos del experimento, las pruebas de lo que pase. Ya verán, alguien me va a ayudar.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Es paloma, si bien no recuerdo.

Bogotá ha cambiado. Me escupe todos los días, de a poquito, no deja que esté seca. Nunca. Si me lavo las manos, no deja que las seque y si dejo de lavarlas, las moja sin que me de cuenta.
Si su cielo escupe, su gente quiere ser más cálida. Creo que es la forma en que esta ciudad encuentra el equilibrio que uno solo reconoce cuando logra llegar a un lugar, a la cajita del hamster o de fósforos... mejor fósforos, mucho mejor vivir en una caja de fósforos.
Entonces, se da cuenta que hay un equilibrio. Me doy cuenta también, que esta es una ciudad de roces.
Hay roces cuando maldigo constantemente, cuando miro feo primero, para dejar de mirar después, cuando camino tratando de mantener el equilibrio, cuando, sin darme cuenta del error, miro demasiado, con detenimiento (no necesariamente con asombro) a la cara, a los ojos de cualquiera; cuando no me gusta lo que me dicen y reacciono de manera brusca y no levanto el pulgar sino el corazón y me da miedo y camino más rápido...
Un lugar donde todo se toca, se roza, un lugar donde, sin necesidad de intimidad se intercambian fluídos; sin necesidad de palabras, se comparte el aire que caliente parece haber salido de una boca, que inexistente, estuviera hablándole cerca y de frente; donde llueve si hablan y la mano, a la que nunca le dejan estar seca, trata de esparcir bien la saliva; donde sin una voluntad expresa de los participantes, estos pueden (de hecho lo hacen) ponerle la ingle a alguien más en la cara.
Donde se sonríe sin dientes para no dar papaya de que se los roben.
Si eso no es rozar, "pasar tocando y oprimiendo ligeramente la superficie de otra o acercándose mucho a ella", si estar en Bogotá no es rozar los sentidos, rozar todo lo que le enseñaron, rozar el significado mismo de intimidad, pudor y estética, entonces supongo que tendré que pasar al ejemplo de probar algo ensuciando uno de los dedos para llevarlos a la boca, hasta sentir la lengua.

martes, 28 de julio de 2009

Entre menos quiero, más me ofrecen.

Despertada, levantada, arreglada... andate ya, que llegas tarde. -"Te quiero, gracias por todo". Puede ser que no la vea en meses...
Salgo de inmediato, llego tarde.

Me reciben en las escaleras con un abrazo; sincero él, sincero el abrazo. Entro, me siento, hoy es día de regalos, de que el resultado de veranos insoportables me empapen la cara y los ojos, la boca (demasiadas visitas lo hacen cada vez más asqueroso).

Llegué, entré. Incapaz de ser coherente y llevada por subjetividades decido evitar mirarla para que no interprete mal la falta de dirección que tienen mis ojos cuando buscan el vacío, trato de evitar que se encuentren con los de ella para tener que sonreír como respuesta a la mueca que veo producto del reconocimiento... supongo. Después de fracasar en eso que me proponía, empiezan los comentarios que creyéndose pícaros o coquetos, casi que prohibidos, salen de la boca con la risa tímida propia de alguien que atraviesa el desierto hace mucho tiempo, y los tipos, que resultan ser el agua, no quieren ni escupir. En fin... "Dios le da pan al que no tiene dientes", una baguette seguramente...
-Os sentirás mejor cuando la sensación de pícara no sea lo único que os llene...
Se acaba, se mantienen las distancias con los ojos y las risas (las manos que en tercero me enseñaron, son inútiles acá, o por lo menos muy directas, a nadie le gusta eso). Salgo y pienso: ¡Qué verano en el que está!, recuerdo la respuesta:
-"En verano estamos todos" . Antes de responder empecé a sentir algo en la pierna, sentada o parada, siempre creo sentir algo, incluso ahora y no solo en la pierna, el celular me queda mal y entonces claro, tiene razón, en verano estamos todos...
Café? No, negro, blanco a veces. Muchas ideas, en un principio inconexas y regadas, se ordenan cuando el objetivo se hace más claro, cuando pregunto por uno de los temas: las relaciones de pareja, pensando en alguien más. Sorprendida: entre menos quiero, más me ofrecen. No, gracias.
Exitosamente social... alguien distinto... no pienso cambiar... sentimientos hacia usted... ahhh: entre menos quiero, más me ofrecen. Explicaciones predecibles, las de siempre, imaginación, falta de experiencia; todo se reduce a la inapetencia, lo cual no me saca de esa estación desastrosa en la que estamos todos. "En verano estamos todos".
Sí siento, aunque no de la manera que esperan. Entre más saben, más injustos son, más racionales, con más información, más descarados e hirientes... más cobardes. Más escriben y más hurgan entre mis entrañas buscando algo que justifique el dolor propio, la mala fortuna de no tener lo que quieren, buscan un reemplazo a su dolor, el mío, el malestar, las ganas de vomitar. Bueno... la venganza: no dejar dormir, no tranquilamente; no dejar soñar, no con lo que quiero; no dar la cara, hacer el daño y correr. Muy bien!
Almuerzo. Siempre se pasa rápido, el tiempo, pero siempre es suficiente para sentir el vacío cuando te devuelves. Gracias por las cobijas, los brazos, el jabón, por soplar el polvo que a veces ahoga; gracias mil por las madrugadas, las 2, las 3, las 4 a.m.
Me despido, y mientras me devuelvo en la lonchera, se abre ante mis ojos, a través de ese vidrio que permanece sucio, no sólo una cuadra que desconocía: carrera 14 con 22, sino piernas, manos y bocas. Para contrastar, alguien cierra un ojo si alguien pasa lo suficientemente despacio, para poder vender bien la mercancía. "En verano estamos todos".
Las uñas rosadas y largas, las cejas delgadas, las faldas diminutas en las que se esconde, sin que descifre aún cómo, lo que realmente los avergüenza.
Se decide entre 2 opciones, a veces parece que el azar es el que decide y entonces usted crece, si tiene suerte, como el modelo de su género; sino, decide salirse del modelo para ser el del otro lado o simplemente decide quedarse en el limbo () sin que ningún modelo convenza.
Trata de hacer uno, el propio, y despertarás interpretaciones obvias. Interpretaciones que nada mostran... No importa.

jueves, 16 de julio de 2009

Con ganas de vomitar...

Calma, calma, duerma de lado y verá cómo no se ahoga, cómo no se muere ni se las traga, sino que vive y las acompaña.
Día de hastío, hastío físico. Me siento rara, despierto con el sueño entre las pestañas, lo que (creo) impidió que pudieran hacer parte de mis recuerdos; por eso no habrán descripciones de este tipo.
Salí, compartí, esperé un rato, abracé, volví, leí, leí lo que me prestaron, leí los concejos de muchos que sólo uno se atrevió a hacer tangible, alguien que no esperó a que me decidiera. La tarde tomó tintes distintos a los de la mañana. Después de la carne que en reversa pasó por mi garganta, se me entumeció la cabeza. Para contrarrestarlo dormí sobre mis manos, mientras dejaba el libro abierto, mientras recordaba aún las palabras que había dejado “…piernas abiertas…”. Duermo a ratos entre las hojas que quiero acabar para encontrar como excusa de entrega, un nuevo encuentro, uno de los pocos que quedan. Los libros, las letras han logrado que después de un rato de seguir su ritmo, me pierda, me sienta caer con la portada como único soporte. Las páginas crecen o yo estoy un piso más abajo. Es interesante, pero dejo de leer y no voy más allá, no me caigo, no me hundo, no me suelto de las páginas. Dejo de leer un rato y pienso sobre lo que acaba de pasar, pienso en una comparación válida. Comparo entonces, el hormigueo de las manos, de la cabeza, la sensación de estar un peldaño arriba mientras me caigo, comparo la sensación de las extremidades cayendo al suelo presas de la gravedad y de mi voluntad extraviada, con la de fumar sin llegar al vicio. Es mejor el primero, aunque menos sano por ser más duradero. Vuelvo a leer. Entre letras, lagunas y ambigüedades propias trato de explicar lo que veo, veo una caja de fósforos delante de los libros. Veo, después de tomarlos, a los fósforos, lo que escondían: media cajetilla de cigarrillos. Nadie fuma acá, a veces yo y no acá. Además, nunca compro tantos a la vez. Empiezo a dudar de los despojos de lo que hago. Puede que haya sido yo, puede que me los hayan regalado…. Una pista! Recuerdo a alguien encontrando unos en el piso y guardándolos dentro del bolsillo que queda dentro de la chaqueta. Primera conclusión: no fui yo, no tengo de esas chaquetas, miro la que llevo puesta y no, aún no coso el bolsillo que impedirá que me roben mientras camino hacia la 19 por la séptima. Segunda conclusión: fue un hombre, las chaquetas con bolsillos secretos las hacen para los hombres.
Me siento mejor, no tan perdida, tengo los dos extremos de algo que debe tener una secuencia. Primera escena: regalos que, tirados en la calle, alguien guarda dentro del bolsillo interno de su chaqueta. Segunda, tercera, cuarta… de alguna forma se olvida en la primera escena (variedad de posibilidades). Epílogo: el regalo vuelve a hacer parte de la panorámica de este día y trata de reconstruir su camino, imagino que para justificar su fin. Imagino que lo que quieren es perderse en mi boca, pero seré sincera, tengo que decirles que me cansé de las lenguas. Mala suerte, sincera. “No me sirve sin lengua”. Sin pistas, tienes el final, y la parte de un libro que lees, que se cola en tu realidad. Tienes a Emma y a Charles, tienes secuencias distintas. Tienes un principio ajeno y un final que se cola en tu espacio, tienes...
-¡¡Shhh!! tengo una cabeza que me juega sucio. Además, como colador he decidido... mmm, he decidido sentir, ser atravezada, meter el dedo, a pesar de la resistencia de lo estático, como si fuera una aguja; también he decidido abrazar, sobretodo abrazar.