Hiding place

Hiding place
Hide me from any, sorry! everyone

martes, 28 de julio de 2009

Entre menos quiero, más me ofrecen.

Despertada, levantada, arreglada... andate ya, que llegas tarde. -"Te quiero, gracias por todo". Puede ser que no la vea en meses...
Salgo de inmediato, llego tarde.

Me reciben en las escaleras con un abrazo; sincero él, sincero el abrazo. Entro, me siento, hoy es día de regalos, de que el resultado de veranos insoportables me empapen la cara y los ojos, la boca (demasiadas visitas lo hacen cada vez más asqueroso).

Llegué, entré. Incapaz de ser coherente y llevada por subjetividades decido evitar mirarla para que no interprete mal la falta de dirección que tienen mis ojos cuando buscan el vacío, trato de evitar que se encuentren con los de ella para tener que sonreír como respuesta a la mueca que veo producto del reconocimiento... supongo. Después de fracasar en eso que me proponía, empiezan los comentarios que creyéndose pícaros o coquetos, casi que prohibidos, salen de la boca con la risa tímida propia de alguien que atraviesa el desierto hace mucho tiempo, y los tipos, que resultan ser el agua, no quieren ni escupir. En fin... "Dios le da pan al que no tiene dientes", una baguette seguramente...
-Os sentirás mejor cuando la sensación de pícara no sea lo único que os llene...
Se acaba, se mantienen las distancias con los ojos y las risas (las manos que en tercero me enseñaron, son inútiles acá, o por lo menos muy directas, a nadie le gusta eso). Salgo y pienso: ¡Qué verano en el que está!, recuerdo la respuesta:
-"En verano estamos todos" . Antes de responder empecé a sentir algo en la pierna, sentada o parada, siempre creo sentir algo, incluso ahora y no solo en la pierna, el celular me queda mal y entonces claro, tiene razón, en verano estamos todos...
Café? No, negro, blanco a veces. Muchas ideas, en un principio inconexas y regadas, se ordenan cuando el objetivo se hace más claro, cuando pregunto por uno de los temas: las relaciones de pareja, pensando en alguien más. Sorprendida: entre menos quiero, más me ofrecen. No, gracias.
Exitosamente social... alguien distinto... no pienso cambiar... sentimientos hacia usted... ahhh: entre menos quiero, más me ofrecen. Explicaciones predecibles, las de siempre, imaginación, falta de experiencia; todo se reduce a la inapetencia, lo cual no me saca de esa estación desastrosa en la que estamos todos. "En verano estamos todos".
Sí siento, aunque no de la manera que esperan. Entre más saben, más injustos son, más racionales, con más información, más descarados e hirientes... más cobardes. Más escriben y más hurgan entre mis entrañas buscando algo que justifique el dolor propio, la mala fortuna de no tener lo que quieren, buscan un reemplazo a su dolor, el mío, el malestar, las ganas de vomitar. Bueno... la venganza: no dejar dormir, no tranquilamente; no dejar soñar, no con lo que quiero; no dar la cara, hacer el daño y correr. Muy bien!
Almuerzo. Siempre se pasa rápido, el tiempo, pero siempre es suficiente para sentir el vacío cuando te devuelves. Gracias por las cobijas, los brazos, el jabón, por soplar el polvo que a veces ahoga; gracias mil por las madrugadas, las 2, las 3, las 4 a.m.
Me despido, y mientras me devuelvo en la lonchera, se abre ante mis ojos, a través de ese vidrio que permanece sucio, no sólo una cuadra que desconocía: carrera 14 con 22, sino piernas, manos y bocas. Para contrastar, alguien cierra un ojo si alguien pasa lo suficientemente despacio, para poder vender bien la mercancía. "En verano estamos todos".
Las uñas rosadas y largas, las cejas delgadas, las faldas diminutas en las que se esconde, sin que descifre aún cómo, lo que realmente los avergüenza.
Se decide entre 2 opciones, a veces parece que el azar es el que decide y entonces usted crece, si tiene suerte, como el modelo de su género; sino, decide salirse del modelo para ser el del otro lado o simplemente decide quedarse en el limbo () sin que ningún modelo convenza.
Trata de hacer uno, el propio, y despertarás interpretaciones obvias. Interpretaciones que nada mostran... No importa.

jueves, 16 de julio de 2009

Con ganas de vomitar...

Calma, calma, duerma de lado y verá cómo no se ahoga, cómo no se muere ni se las traga, sino que vive y las acompaña.
Día de hastío, hastío físico. Me siento rara, despierto con el sueño entre las pestañas, lo que (creo) impidió que pudieran hacer parte de mis recuerdos; por eso no habrán descripciones de este tipo.
Salí, compartí, esperé un rato, abracé, volví, leí, leí lo que me prestaron, leí los concejos de muchos que sólo uno se atrevió a hacer tangible, alguien que no esperó a que me decidiera. La tarde tomó tintes distintos a los de la mañana. Después de la carne que en reversa pasó por mi garganta, se me entumeció la cabeza. Para contrarrestarlo dormí sobre mis manos, mientras dejaba el libro abierto, mientras recordaba aún las palabras que había dejado “…piernas abiertas…”. Duermo a ratos entre las hojas que quiero acabar para encontrar como excusa de entrega, un nuevo encuentro, uno de los pocos que quedan. Los libros, las letras han logrado que después de un rato de seguir su ritmo, me pierda, me sienta caer con la portada como único soporte. Las páginas crecen o yo estoy un piso más abajo. Es interesante, pero dejo de leer y no voy más allá, no me caigo, no me hundo, no me suelto de las páginas. Dejo de leer un rato y pienso sobre lo que acaba de pasar, pienso en una comparación válida. Comparo entonces, el hormigueo de las manos, de la cabeza, la sensación de estar un peldaño arriba mientras me caigo, comparo la sensación de las extremidades cayendo al suelo presas de la gravedad y de mi voluntad extraviada, con la de fumar sin llegar al vicio. Es mejor el primero, aunque menos sano por ser más duradero. Vuelvo a leer. Entre letras, lagunas y ambigüedades propias trato de explicar lo que veo, veo una caja de fósforos delante de los libros. Veo, después de tomarlos, a los fósforos, lo que escondían: media cajetilla de cigarrillos. Nadie fuma acá, a veces yo y no acá. Además, nunca compro tantos a la vez. Empiezo a dudar de los despojos de lo que hago. Puede que haya sido yo, puede que me los hayan regalado…. Una pista! Recuerdo a alguien encontrando unos en el piso y guardándolos dentro del bolsillo que queda dentro de la chaqueta. Primera conclusión: no fui yo, no tengo de esas chaquetas, miro la que llevo puesta y no, aún no coso el bolsillo que impedirá que me roben mientras camino hacia la 19 por la séptima. Segunda conclusión: fue un hombre, las chaquetas con bolsillos secretos las hacen para los hombres.
Me siento mejor, no tan perdida, tengo los dos extremos de algo que debe tener una secuencia. Primera escena: regalos que, tirados en la calle, alguien guarda dentro del bolsillo interno de su chaqueta. Segunda, tercera, cuarta… de alguna forma se olvida en la primera escena (variedad de posibilidades). Epílogo: el regalo vuelve a hacer parte de la panorámica de este día y trata de reconstruir su camino, imagino que para justificar su fin. Imagino que lo que quieren es perderse en mi boca, pero seré sincera, tengo que decirles que me cansé de las lenguas. Mala suerte, sincera. “No me sirve sin lengua”. Sin pistas, tienes el final, y la parte de un libro que lees, que se cola en tu realidad. Tienes a Emma y a Charles, tienes secuencias distintas. Tienes un principio ajeno y un final que se cola en tu espacio, tienes...
-¡¡Shhh!! tengo una cabeza que me juega sucio. Además, como colador he decidido... mmm, he decidido sentir, ser atravezada, meter el dedo, a pesar de la resistencia de lo estático, como si fuera una aguja; también he decidido abrazar, sobretodo abrazar.

Construyendo secretos de 2: Introducción.

No hay ningún sueño que narrar y describir para mantener las imágenes, cada que yo decida releer, dentro de mi cabeza. Cuando eso pasa no pienso en las imágenes que el otro puede crear a partir de las palabras que yo uso como referente de lo que acabo de ver con los ojos cerrados; hoy no pasa eso, no hay descripciones de sueños, no hay masturbación en curso. Hoy describo lo que en frente de varios ojos, necesita una justificación, una causa, las palabras más pertinentes para dar explicación a mi errante boca, que creyó oír, siguiendo concejos y que creyó razonar al buscar causas; todo para dejar de estar seca.
Alguien dijo que siempre escribía en clave. Con el tiempo y con entradas como ésta sabrá por qué lo hago (espero), entenderá por qué, a pesar de ser público todo lo que queda en esta página, es divertido y necesario utilizar las palabras no sólo como puente que comunica las partes (indiscriminadamente), sino como puente entre partes, que aparentemente han compartido la sensación, la situación que justifica cada palabra. Es decidir describir de manera menos egoísta un sueño del que no sólo yo hice parte.
Casi siempre la introducción es más larga que el contenido, pero bueno, cómo no iba a ser así cuando trato de darle sentido a las avergonzadas palabras que se esconden detrás de los dientes. Avergonzadas, pero muy bien intencionadas… dejan el anonimato de lado y escogen otra manera de ser, sin importar el no reconocimiento o incluso el simple desconocimiento de ellas; solo se lanzan al aire y se convierten en trinidad, quien naciendo dentro de una caja, fue incapaz de volar más alto de lo que ahora estas se proponen: indulgencia.
No sé si soy sólo yo quien se siente mejor, aliviada, feliz de que mis constantes errores no me cuesten relaciones importantes, no me cuesten el vacío de alguien a quien quiero. Se lo agradezco.
Sería más fácil aceptar lo que usted ya dijo después, que todo había sido su culpa, que usted fue quien dijo las palabras hirientes que hicieran que después yo no lo quisiera voltear a mirar y me fuera, tratando de entender lo que había pasado, y que ya tarde (como siempre), en la cama tratando de dormir, pensara en un abrazo como mejor despedida, cosa que pensé sólo al tratar de darle algo de estética a la situación que real, me parecía grotesca y que simplemente, me sofocaba.
Sería más fácil, pero afortunadamente he aprendido a desconfiar de todo lo que merezca este adjetivo. Bueno, menos de las risas que fácilmente se desangran de energía, en esas confío; tampoco desconfío de la felicidad que sin pedir permiso me invade gracias a alguien más; ese tipo de facilidad me encanta. Confío en la facilidad con la que se puede conocer a las personas si dejas de esperar algo determinado de ellas, desconfío de lo que regalan en las calles de manera material, desconfío si alguien me guiña un ojo en una esquina de Bogotá; pero confío, confío ciegamente en que alguien me mire a los ojos, a uno sólo, pero con los dos, dejando de buscar lo que para mí no significa nada.
He pensado en decirle muchas cosas, pero hombre, si me enredo tratando de contar un cuento de niños, no me quiero imaginar cómo sería con lo que se ha venido presentando, en mi cabeza. No sé, supongo que el pasado próximo sigue estando demasiado fresco para que haga parte de una anécdota oral o escrita... supongo que "decepciono al público", pero no será así después de que llegue el señor viento...

sábado, 27 de junio de 2009

"Puño de arena"

[También usted apareció por acá y fantasmalmente me recorrió el miedo de demostrar demasiado, de arrepentirme si se acerca, de cagarla si intento acortar distancias por medio de palabras que podrían convertirse, Dios no quiera!, en las babosadas que puteo]

viernes, 26 de junio de 2009

Done!

Con los ojos más chiquitos me dice que nunca dejaría que yo sufriera, cuando viviendo un pasado que alguna vez quise cambiar, le cuento sobre el futuro.
De nada sirvió, no cambiaba el pasado, sólo le daba los elementos para que pudiera entender lo que iba a pasar después, y supiera esperar.
Naah! maldito sueño en el que tratando de lavarme las manos, me mojo toda, y en el que corriendo para no quedarme atrás me resbalo y veo plieges desagradables

jueves, 25 de junio de 2009

Abre los ojos.

¡No más, pará! Me bajo los pantalones, me quito la ropa, toda, me da escalofríos. Busco causas ajenas a la verdadera que me hagan menos vulnerable. Lo soy toda ahora, completamente. Mientras me desvestía, me preguntaba si debería o no escribir sobre esto que siento ahora. Tengo frío, y muchas ganas de llorar. A alguien le había dicho que dejar de hacer reproches y de esperar que el otro llene nuestras expectativas es tortuoso. Hoy, más que todos los días, lo es.

Nada, nada en mi correo, en ninguno, nada, así, solito. Creo que es más difícil encontrarlo así, sin nada suyo, cuando no hay nada que garantice que tiene acceso a internet. Hoy lo vi, ahí, tanto tiempo, todo, esperando que estuviera escribiendo algo, 2 líneas, lo que sea, esperando que el cuadrito azul saliera por una de las esquinas para poder leer que estaba bien, aunque ya lo sé por otras fuentes que son demasiado públicas. Supongo (no quiero creer que es así) que lazos de sangre son los únicos que merecen respuestas continuas y permanencia en el tiempo. Que los lazos que las personas creamos, de manera más voluntaria, no valen lo mismo, casi nada, porque no hay eso, ese líquido rojo que ligue los recuerdos y les de la importancia necesaria. Podría ser, podría ser también el hecho de querer olvidar ciertas cosas, de cambios irremediables o de incompatibilidades… qué sé yo?

Además, como todas las sensaciones humanas, ésta es irracional e injustificada, demasiado fuerte e incontenible para ser explicada satisfactoriamente. Hoy debería estar contenta, y no llorando en silencio, secándome las pocas lágrimas que logran vivir y odiando el sonido que estas teclas hacen. Debería, porque hoy estuve una tarde entera sentada en un estadio esperando horas a que empezara, esperando que nos fuera bien, esperando el momento en el que se tensionaría el cuello y gritaría y abrazaría incluso a desconocidos por la emoción que desde siempre me ha dado ver cómo hacen un gol. Es la final, es mi equipo, pero no, no es lo suficiente para parar esto que se me vino encima.

Y el infierno sí está lleno de buenas intenciones, y no creo que haya mayor crueldad que la no intencionada, la inocente, como sé que es la suya, porque es la culpa de la víctima (quizá exagero, es lo más seguro), en este caso, yo y mi terca cabeza que fabrica sueños deliciosos y le permite vivir a una esperanza que debió morir hace mucho. La muerte fue benévola y la dejó agonizando en un estado mediocre de consciencia? No sé.

Siempre me imaginé un encuentro, sabe? Algo en el aeropuerto o en un parque, o en la avenida Santander, no sé, cualquier lugar; algo además bonito y emotivo, algo muy feliz. Ahora me cuesta escribir, pensar y mucho más decir que tal vez no haya uno, nunca, que tal vez esta relación nunca tenga la posibilidad de tener momentos interesantes y no incómodos. Ahora pienso que ni siquiera lo voy a poder abrazar como siempre quise, porque no creo que los brazos estén abiertos, realmente abiertos, y no como exigencia de la cortesía.

Me dan miedo los hombres buenos señor, creo tener a los “malos” controlados, a los enredadores y perros. Esos tipos me tienen sin cuidado, nunca me he interesado por uno, siempre trato de no hacerlo, porque esos siempre le caen a cualquiera. Siempre que me toca el turno, porque nadie parece salvarse, soy grosera, pero sólo porque intuyo que la mitad de lo que dicen es mierda y pues mi oído queda cerca de mi nariz, que aún funciona.

A los hombres buenos (permítaseme el maniqueísmo por favor, consecuencia de la situación y de mi historia llena de experiencias ajenas…), los conozco de a poquito, si buscan algo más, por lo general les toca esperar mucho (no tanto), sin la garantía de que su espera tenga una recompensa medida en litros de saliva.

Y bueno, el tiempo, el tiempo que hace cosas que nunca creíamos posible, permite que esas relaciones empiecen a nutrirse de confianza y afecto. Todo poco a poco. También resulta una coincidencia que sean pacientes, aunque realmente creo (porque siempre consiguen novia) que permanecen ahí por otra razón, más que los fluídos iniciales que imagino todos buscaban. Eso es bueno... veremos qué pasa, son personas que logran crear situaciones bastante agradables, me aferraré a eso y a las demás que simplemente son un regalo diario... Bueno, usted es un hombre bueno para mí, demasiado bueno tal vez, para mí. Porque al silencio que tanto alabo, hoy le toca azotarme, a manos suyas, o mías.

Y era algo que ya sospechaba, después de todo, le conté que gracias a su amigo tomé un tour virtual, y lo vi a usted y a su maleta roja. Espero le haya agradecido a él por permitirme, aunque sin querer también, verlo, eso fue algo de lo que le escribí antes de que apareciera la posibilidad de una respuesta y yo la esperara tan ansiosamente y construyera una bolsita de tela, o un baúl para atesorarlo, como cada palabra suya que atesoro desde hace mucho. Ahora, bellamente construidas, las desprecio por estar vacías, las desprecio por ser yo quien las construyó, dejándome llevar por las peligrosas expectativas que aún intento dejar atrás. Es difícil, no me culpe.

Y ahora, calmada y ahogada, porque a mi nariz ya tapada se le dificulta respirar rápido, como necesito respirar ahora, creo que tengo (no, sólo tengo que morirme, porque sí, sí he visto a los muertos volver), debo hacer algo con esto. Con todo lo que ya le dije, con todo lo que sigue dentro, con todo, qué toca hacer? Lo boto acaso? En qué basurero? Ignorancia, tiempo, clavos, esperanza secreta? La última no, demasiado violenta para ver los resultados, contar los muertos y volver a la guerra sabiendo que no hay nada nuevo (perdón, pero hoy quiero ser así de rígida, sin azar que permita que florezcan hipótesis, estoy cansada de mis hipótesis… siempre erradas!). Ninguna me convence…

“Laura, usted tiene un conflicto”. Cierto. Nunca me decidí a ir donde un especialista. No quiero a nadie juzgando mi obvia irracionalidad, no quiero a nadie diciéndome qué camino debo tomar. Esto me toca a mí, sin imperativos nutridos de diplomas. ¡No más, pará!

Volví al comienzo?. No, vuelvo de nuevo a construir enrredaderas con otro destino... gracias por el consejo.

domingo, 21 de junio de 2009

¿Quién más tiene miedo de sus sueños?

Después de describirlos indiscriminadamente, e incluso se podría decir que de manera fiel, hay unos que sólo quiero ahogar por ser tan enfermos... empiezo a sentirme como el proyecto al que no le hemos encontrado imagen aún. Demasiado líquido rojo, demasiados dedos que parecían salirse de sus manos. Mantengamos la calma dejando que hormigas se paseen por los dedos, reduciendo la sensibilidad hasta el punto exacto donde aún impido que ruede y se apague.

Conociéndome masoquista...

Hoy, día de flores y rocíos artificiales que permitirán que la estética del conjunto de fechas y un nombre, permanezca por la semana que pasará, decente. Todo, para que pueda volver a ser invocado por miles de palabras rápidamente dichas que esperan una respuesta. Todo controlado, todo como constructor de recuerdos de infancia que vuelven a la mente en varios sentidos: lo que han aprendido porque alguien más lo quiso, o lo que hace parte de ellos por situaciones que solo ellos quisieron hacer eterna a través de su meticulosa memoria.
Día también de felicitaciones, demasiadas para mi gusto si alguien pregunta. Nadie lo hace, no es necesario. Dejémoslo así, felicitaciones que abren y cierran comunicaciones instantáneamente, que ni siquiera permiten que a ese intercambio de palabras se le llame comunicación. Gracias. Feliz. Adiós. Así fueron las cosas. Regalos, silbidos, iglesias antiguas con video-vin y presentaciones en power-point del evangelio.
No sé qué hacer cuando estoy en una iglesia, cuando estoy dentro porque decido dejar de lado lo poco que empiezo a pensar sobre Dios, la iglesia, instituciones, descanso eterno o pecados, y acompaño a alguien que me importa, mi papá en este caso, entrando ahí. Bueno, después de tomada la decisión normalmente resulta más difícil ponerla en práctica. Entonces entro, miro a la gente, al señor que se para al frente, al que hablará por los próximos 30 minutos, busco un lugar y me siento. Trato de "detectar", las acciones que convertidos en patrones habrán de traer a mí el recuerdo del colegio, cuando el padre Jorge me oía y me gustaban las misas, aunque siempre haya perdido religión e incluso haya puteado privada y públicamente a la profesora que admito, era una especie de santa (en el sentido estricto de la religión cristiana, se podría decir que alguien muy obediente y algo aburrida).
No fue tan difícil, era cuestión de parase, darse la bendición, repetirlo; arrodillarse, pararse… bueno, es casi un ciclo sin variables hasta que personas se disponen a pasar entre nosotros los oyentes (generalizar a veces da crédito a quien no lo merece. Vi cómo gente se iba quedando dormida durante la “presentación”), con bolsas vacías para volver al altar con éstas llenas. Bolsitas oscuras que suenan para que los creyentes se percaten de la presencia de la alcancía de tela, que suplirá, como ya lo había dicho antes el señor del frente, las necesidades, las de la iglesia en general. No tenía plata, no colaboré. Acepto que hubiera pensado más de 2 veces, seguro muchas, las suficientes para que el turno se hubiera pasado, entre colaborar o no. Todo ese tiempo pensé en lo que hacía casi de manera automática, entre seguir o no, entre respetar a medias o desconectar las razones de la lengua que incansablemente se movía, entre acompañar o simplemente seguir el instinto que torpemente insiste en detener las palabras, en sacarme de ahí, en pensarlo mejor y no dejarlo morir…
Hoy pensé en ese padre, Jorge, sobre todo cuando era momento de comulgar, pensé en lo difícil que sería volver a hacerlo con un extraño que utiliza sus juicios e interpretaciones como imperativos de mi vida. Sobre todo después del desastre entre razones y acciones, que incoherentes pertenecían al mismo tiempo, las cuatro de la tarde, y al mismo espacio, mi cuerpo. La última vez que lo vi, le desnudé mi alma a través de lágrimas que interminables se paseaban por el sofá en donde me sentaba, a través de palabras que pretendiendo conectar pecados con hastío se metían en sus ojos, sobre todo por sus ojos, que verdes respondían con imágenes propias del ardor, del incontenible cambio de seco a húmedo. Supo responder de tal forma que la conversación siguió fluyendo, aunque sin necesidad de muchas palabras, se compartieron las lágrimas, los sentimientos que aprisionaban el alma y un chocolate que después me comí sobre una mesa de madera, dentro de un ambiente que trataba de recuperar pero que inevitablemente había cambiado. Cambiado demasiado para seguir con mi idea de restauración y recuperación de imágenes y lugares.
Pero qué sería de esta entrada si nisiquiera escribo sobre la supuesta festividad de hoy, que entre otras cosas solo juzgo comercial? No sería nada si no aprovechara la excusa que alguien más inventó para agradecer al bizcocho de naranja su existencia. Aunque definitivamente no por ser lo que permitió la vida, la mía, biológicamente hablando, sino porque ha sido capaz de enseñarme el significado de algo tan importante como el silencio. Agradeceré la enseñanza de situaciones llenas de vacío, e incluso así llenas de significado a través de experiencias que se agolpan en hojas que implicitamente escribo gracias a los 2. Pero que hoy agradezco a ti especialmente.
Recordé también hoy, el día que murió el abuelito, tu papá pa... recuerdo que después de ver cómo lo enterraban, después de presenciar el drama que supone el comienzo de una pérdida, de un duelo inesperado, nos sentamos en la mesa, a comer. Yo te miraba de frente, imaginando cómo podría yo sobrellevar el hecho de que estuvieras dentro de un hoyo sin la posibilidad de recrear nuevas situaciones, nuevas conversaciones que implícitas eran capaces de formar un diálogo jugoso.
Recuerdo pues, que pensando en esa posibilidad, lloré nuevamente (ya había dormido sobre lágrimas y también babas secas después de la noticia), lloré de miedo, lloré aterrada al imaginar que el dolor de perder al abuelo sería doble si te perdiera a ti.
Momento que me ayuda a reconstruir nuevos recuerdos de la joya que representas... te quiero.

jueves, 21 de mayo de 2009

Reconstructive.

Qué puedo sentir? El regalo estaba hecho desde hacía mucho tiempo, pero hasta ahora me pregunto si lo entenderá, si lo decepcionará la ambigüedad en la que caigo tratando de madurar a palos. Quisiera que me describieran con muchos detalles, sin que se escapara el más mínimo de la escena: qué pasó antes, durante y después, cuando lo abrió ya sólo, en su cuarto… trataré de recordar lo que iba en ese sobre manchado de colores que mis dedos torpes habían tratado de organizar creando letras en orden donde se entendieran palabras que nunca fueron fáciles de decir y aceptar en esta auto terapia en al que me mantengo. Iba mi cabeza, se la mandaría por partes para hacerlo menos doloroso, pero más trágico. Cómo? Alejando el final de a poquitos para no dejar de aferrarme a la esperanza que aunque dice que no es saludable, permite que yo siga aquí riéndome y siendo feliz a raticos. Usted lo sabe, a mi me emocionan las cosas simples, me hacen feliz tan fácil… y poderlo compartir, bueno… eso solo mejora las cosas. “fue discreto y lo guardó… lo vi entre asustado y emocionado” me muero por transcripciones como estas que describan lo que ahora está pasando. Lo más probable es que no aparezca ante usted más que como una carta de un niño de transición que no quiere a sus papás porque utiliza citas y que ciertamente no tiene habilidades en el arte. Pero después de haber pensado en muchas cosas, lo único que hice fue sellar eso, mucho, porque solo era para usted, junto con el vacío que sentía en mi estómago y las imágenes ante mis ojos, para mandarlas en manos ajenas pero confiables, hacia las suyas, esperando ser de alguna ayuda. Hay mil cosas que podrían haber sido, fotos, cartas interminables, dibujos, videos… No recuerdo ahora si la otra herramienta la metí en el sobre, creo que no, pero sigue siendo importante, un cigarrillo, el acompañante de ese regalo no puede ser distinto a algo que se consuma después de prenderse, tan rápido como eso. Creo que al comprarlo para meterlo dentro del bolsillo, decidí fumármelo yo… y era lo mejor, debía calmarme… algo, para poder cerrar sin que se dieran cuenta de la cinta y las mil cosas que tuve que hacer para cerrarlo sin echarlo a perder. Ahora no sé, si estaba echado a perder desde que lo pensé…. Por ahora, solo quiero esperar a que algo más benévolo que las posibilidades que visualizo tomen lugar allá lejos donde ya no hay luna. Hoy, justo hoy me dijeron que lo único que puede hacer, quien da un regalo, es llegar hasta ese punto, darlo y ya. Sin esperar que lo entienda, que lo guarde o que atesore lo que usted ya atesoró creándolo… y bien, creo que mi trabajo ya había finalizado hace tiempo entonces, es su turno-… déjeme saber cuándo vuelve.

viernes, 8 de mayo de 2009

Entre menos espacio tenga para escribir, menos palabras se perderán por falta de una red en forma de sobre manipulada por una mano ordenada. En el mejor de los casos, se espera que la mano no sea un hoyo negro que trague incluso lo que ya ha domesticado.
¡Maldita sea!, mi libro, el de mi papá, mi principito.
¡Fuck you water, you didn't help!

miércoles, 6 de mayo de 2009

El cuento de la VIuDa

Iuliana era una mujer débil según decían, lloraba mucho y su útero no había albergado ser humano más que por dos meses. Después de ese tiempo siempre sangraba de tal forma y durante tanto tiempo, que las sábanas tenían que ser cambiadas por la criada cada que las campanas de la iglesia sonaban, para impedir que manchara el piso, que después tendría que limpiar. Las dos semanas siguientes, cuando todo había sido expulsado de su cuerpo, dormía un día entero, tal vez dos, pues la sangre nunca llegaba sóla, siempre con dolores tan profundos que gritaba y lloraba, sudaba y susurraba confesiones que nadie entendía.
Cuando recuperaba el color de sus mejillas blancas, iba a la iglesia que le había permitido tener noción del tiempo mientras moria lentamente (siempre decían que no sería capaz de levantarse de la cama), recordándole cuándo alguien entraba para limpiarla. Se confesaba, susurraba, rezaba con los ojos cerrados y con sus manos sobre la boca. Decían que siempre pedía a Dios que le diera un hijo, para honrrar a su esposo que tanto había hecho por ella, o que la matara. Pero esos sólo eran rumores, pues nadie realmente sabía lo que los sus rezos pedían desesperadamente.
Su esposo, Fortunio, la conoció en una taberna. Ojos negros, llenos de tristeza, resignación y lágrimas que miraban al vacío. Siempre se distraía fácilmente. Era elegante y bella a pesar de su vestido y la pintura de su cara. No encajaba en el ambiente de mozas y borrachos, que hacían del amor algo tan sucio. Fortunio se sentaba y la veía toda la noche, como hipnotizado por su rareza. Cada que la miraba fijamente, sentía que el tiempo iba más lento y todo era más bello, más soportable, incluso en ese antro que olía tan mal.
Solía soñar con ella, teniendo una familia de numerosos integrantes (siempre había querido tener muchos hijos, pues sentía que así prolongaría su existencia), pero las peleas que se formaban en la taberna, o algún grito demasiado sutil para el ambiente, lo arrancaban de su mundo para traer a su mente la obvia pregunta: ¿Qué hacía una mujer así en un lugar como ese?. Nunca supo, nadie sabía más de lo que él ya había visto, era una mujer sóla, una moza de mesón que estaba reservada a hombres adinerados, ya habían bastantes para los tipos corrientes, que poco o nunca entraban a un sitio así, seguramente porque nadie sabía aún la joya que se escondía allí, una joya realmente hermosa. Esa información era suficiente, ya no importaba saber más que eso que era el presente que él veía repetirse cada día, pues había decidido hacerla su mujer, se la compraría al tabernero, el comercio, que era un negocio fructífero, le permitía darse esos lujos. Además, pensó que hacía una obra de caridad con la pobre mujer al mostrarle un mundo más decente, también pensó en la suerte que le había traído un pasado miserable, pues de otra forma no la habría conocido.
Finalmente eso hizo, a ella su mujer, al tabernero alguien moderadamente feliz y a sí mismo alguien afortunado.
Así había empezado el matrimonio entre Iuliana y Fortunio, quien veía cada vez más difícil realizar su sueño. Iuliana no parecía feliz, nisiquiera un poco más de lo que era en la taberna, y los tantos hijos que había querido, parecían un imposible que además, amenazaban la vida de la hermosa mujer, que admiraba y quería a pesar de todo.
A Iuliana le gustaba leer, escribir también. Leía cartas y escribia recuerdos, razones y justifcaciones. Todo muy íntimo, tanto que siempre las llevaba consigo. Aveces se la veía llorando sobre esas letras, queriendo terminar de escribir unas inútilmente porque la tinta nunca se secaba a tiempo y siempre las inundaba y las volvían tristes. Le gustaba la lluvía también, le gustaba mojarse, siempre decía que le traía gratos recuerdos, pero nunca decía cuáles. Se mojaba cada que podía debajo del cielo, depronto para que las lágrimas se confundieran con el agua de San Pedro.
Parecía que todo en Iuliana siempre sería un acertijo, pocas palabras dejaba escapar de su boca al igual que pocas sonrisas reales, pocas huellas en ese territorio que pudieran decir algo de su pasado, algo más allá de la taberna.
Un día soleado mientras escribía fuera de la casa, sentada en la tierra, vió a lo lejos a un caballero que al acercarse se le hizo familiar. Era su hermano, se llamaba Eizac y la había buscado desde que su padre había muerto, 6 meses antes, quería informarle que ahora se encargaría del feudo y que a diferencia de su padre, él la quería dentro del castillo, con él, viviendo como siempre debió haber sido. Iuliana estaba desconcertada, no entendía bien todo lo que decía Eizac, se preguntaba si después de tanto tiempo, algo podría volver a ser igual. Pero no habló, sólo logró abrazarlo muy fuerte y llorar sobre su hombro, todo sucio y sudado.
Eizac había sido siempre su confesor antes de que su padre la expulsara del feudo por irreverente e indigna, después ese lugar fue ocupado por alguien ajeno en el campo, un párroco. Cuatro años habían pasado desde eso, se sentía extraña, como viajando al pasado, pero siendo sólo una observadora. Eizac le contó que su padre había cambiado mucho, que al parecer el remordimiento, el orgullo, el honor y su amor, se confundían dentro de sí y le traían espantosas pesadillas que dibujaban en su cara, oscuros trazos debajo de sus ojos. Pero Eizac parecía estar describiéndose a sí mismo y no a su padre, pues era él quien tenía alrededor de sus ojos irritados, oscuros circulos. Iuliana calló y escuchó a su hermano, quien por medio de las palabras se disculpaba y limpiaba su alma:
-Traté varias veces de convencer a nuestro padre de que desistiera de desheredarte, todo fue inútil. Sabes que me habría ido con tigo de no haber sido por su amenaza de quitármelo todo, teniendo yo un hijo y una esposa que no podía dejar desprotegidos, quedando todo lo que nos pertenece, en manos de alguien más, creí que eso era más inteligente, esperar, rezar por ti, y buscarte después. Lo siento mucho, no sé todo por lo que habrás tenido que pasar, creo que moriría si lo supiera, me carcome el alma... no he estado tranquilo pensando en eso... me he sentido como un cobarde todos estos años...tu eres mi hermana...(Sus ojos irritados se sanaban por medio de lágrimas ahora) quiero que te vayas a vivir en nuestro castillo Iuliana, que cures tus heridas allá, porque sé cuáles son, sé que en estos cuatro años nada las supera ni las cicatriza.
Iuliana mientras que con sus manos limpia las lágrimas que bajan por sus pecosas mejillas sucias, le dijo:
-Eizac, no podría expresar con palabras lo mucho que me alegra verte... lamento la muerte de nuestro padre, me duele, pero no más que muchas cosas que han pasado.... yo entiendo lo que hiciste, Sebastiano estaba muy pequeño y la familia de Seisildi… apenas los siervos sobrevivían, sólo la herencia la hizo agradable a nuestro padre. Yo sé todo eso, y te perdono… y quizá lo que me propones sea lo mejor, pero estoy casada.
-Estás enamorada?
-No, yo no conozco esa palabra mas que cuando leo las cartas. Yo... yo aún amo mucho a Zaiton. Todo fue primero con él, todo fue real con él, todo lo noble que un ser humano pueda sentir por otro, eso lo siento yo por él, incluso después de la muerte, todo seguirá igual. Nada ha cambiado desde que mi padre supo que le era infiel a Sesmiro, el poderoso señor de Santiago de Compostela; desde que Sesmiro mató a Zaiton y yo, embriagada de amor y de dolor lo maté a él y me bañé en su sangre, en un ritual de amor. (Mientras hablaba cerraba los ojos, como si lo pudiera ver). Todo igual, el tiempo nada ha curado y en cambio es cruel y el remordimiento se apodera de mi, y me acerca a una iglesia. Pero nunca me arrepiento realmente, nunca rezo, sólo repito las cartas, las letras y revivo el momento. Cada 6 semanas sangro tanto sin llegar a morir… creo que eso es una pena, tener la sangre de Sesmiro dentro de mi, haberla absorbido…
Pero todos creen que soy una buena mujer.
-Lo eres. Nadie nunca tendrá que perdonarte nada. La forma como mataron a Zaiton fue terrible, no es posible que alguien sea tan cruel. ¿Aún conservas la nota que venía con Zaiton aquella noche?
-Siempre…
Y sacando un pequeño papel de entre las cartas leyó: “Pierdo la cabeza por ti, querida Iuliana.”
Esta fue la única que no escribió sobre mi cuerpo -dijo sollozando.

viernes, 3 de octubre de 2008

Esto es lo último que “debería” estar haciendo, me siento un poco vacía, siento que la gente se asombra cuando me ve y me conoce, y encuentra un barril vacío, lleno de esperanza, nada más. Se asombra y después le repudia que sienta tanto,que me sienta mal, que le cuente mis cosas, que yo ahora lo aprecie?, no, que lo quiera y ya no tenga que hacer nada para que lo siga haciendo, que se haya acabado el trabajo de insistencia y paciencia ante el mal genio y la indecencia que acompaña esta voz gruesa, estas palabras burdas pero un tanto sutiles por el simple hecho de ser producto de esto, y ahora se mueve la imagen, me muevo yo, me siento vacía, nada se mueve dentro, aire, palabras? Tampoco. Siempre habrá alguien por ahí floreciendo como los retoños anteriores esperando otra cosa que no sea mi confianza sin ser capaz de atesorarla, eso es mucho, pero maldita sea, después de que finalmente se la ganan o me la gano yo, no sé, me siento desnuda, me siento insegura, siento que una nueva relación empieza en la que ahora yo tengo que dar algo más, pero otra vez, tímida me escondo y tiemblo, me río. Trato de buscar respuestas sin preguntas que las preceda, quiero quemar tiempo y oler el humo de la fogata y ensuciarme con esas cenizas. Espero no haber sido demasiado marica. Seguridad de antes es traducida en verdades conocidas, nada recíprocas, donde sentía tenía el control, no es así después... el que ríe de último ríe mejor? Quién sabe... ahora que has entrado dime si se siente frío... calor... quiero saber cómo es el vacío, porqué no lo describes para mi, a ver si puedo empezar a regar con aires distintos... pero será necesario cambiar? yo no entiendo nada, la gente en un momento te quiere, la gente que existe, la que yo quiero decir que existe, ésa, te quiere un rato, y fertilizan tierras, pero los capuyos ya no son tan amados, porqué?, no fueron lo suficiente para el tiempo que se esperó? No sé, hay varias personas que quiero querer sin el calvario de antes... todos se van justo cuando empezaba a descubrirLos sin lentes claras, sino empañadas de subjetividades más confiables por pertenecer al mundo... quiero seguir creyendo en palabras honestas que no dejan de serlo por ver una verdad menos llevadera.

domingo, 24 de agosto de 2008

Tu n'es pas mien. Rien à faire?

Me lleno de valor, de palabras sustituyendo los puntos suspensivos por dos puntos. Uno sólo. Letras, palabras, significados que se esparcen presa del viento, el aire frío de mi cabeza. Pensar con cabeza fría no es mi fuerte, pero aparentemente todo es mejor si no hay nada cálido que comunique las partes, todo más fácil a las mentiras reduccionistas que nunca pensamos, pero que nos mantienen junto a los secretos, seguros, sin necesidad de que alguien intente siquiera hacer parte de nuestras líneas inestables. Stephane, ne pars pas, pour quoi est-ce que tu ne peux pas m'amasser?. Es físicamente inútil. No importa, por favor no lo repita. Déjeme hacerlo. Lo abrazo, está cálido, me encanta, no quiero dejar de hacerlo. Sus manos que habían decidido no intervenir, lo hacen, me siente fría y usted tiene calor. Ambos encontramos lo que buscábamos. Me siento feliz, le doy un beso y me voy. Me encanta su cabello, ese que ya no tiene, es muy fácil perderse; lo siento en la cara, en las palmas de las manos... Después una reacción agresiva, reproches, sensación de madurez ante importancias ilimitadas dadas por situaciones pasadas. Madurez deleznable.¡Madura cordura!. Todas igualmente perdidas en ese instante. Fallida, ahogada, para después flotar sobre el agua y traerme a la realidad, como siempre lo hace la muerte. Y me arrepiento de perder el tiempo en cosas como esas cuando me encantaría oírlo... maldito sea mi orgullo, maldito mi vicio de terminar las frases de otros, maldita sea mi forma de sentir, malditos los deseos, maldita mi esperanza inmortal, maldito usted y maldita yo. Sobretodo yo. Nunca lo odio del todo, es la reacción infantil, querer sacarle la lengua, tirarle una piedra y después abrazarlo y seguirlo "odiando". Hablé con alguien en vacaciones, no sabe todo lo que lloré, difícilmente podía hablar, fue una confesión, trataba de lavar todo esto tan agrio, pero faltó jabón. Sería mejor si alguien me vendiera un alma limpia, una indulgencia sin el cielo como destino; quiero mi indulgencia acá. Me releo, me vuelve a doler, me acostumbraré.

jueves, 24 de julio de 2008

Sin ti oveja, no somos rebaño.

Hoy me dueles, me duele no tener la capacidad de imaginar el esfuerzo en vano, me duelen tus lágrimas, me duele tu miedo, me duele ser fuerte, me duele no poder abrazarte, me duele que quieras demostrarnos, me duele la entrega, la lucha, la derrota, me dueles mi niño, me dueles tanto. Me dueles sin necesidad de la lástima, me dueles porque te quiero y te creo, sin pesares; sólo sollozos niño, sólo eso y el tiempo. Hoy tal vez escribas la historia que hacen tus ojos arder y el agua caer, hoy la noche vendrá y te arrullará en mi nombre niño. Te abrazará el silencio y te cobijará un espejo.
Creo que necesito. Quiero escribir, pero es que me mueve y no parezco estable, y no consuelo a nadie. Y encaro la parte de la realidad que me duele mirar y que soy incapaz de cambiar. A veces creo encontrar soluciones, pero solo creo máscaras, capas que las cubren y simulo muertes y creo una obra de teatro incompleta, y me duele el alma despierta, y se esconde detrás de sus manos, y se avergüenza de tener que cargarlo. Quisiera odiarlo, solo para dejar de esperarlo. Escupo lágrimas, lloro saliva. Y lo pienso y respiro, y me trago su imagen y vomito cariño. Cariño, no es tan fácil llorar después de que las domestico para que cuando crean sentirse vivas se suiciden dentro de mi; pero entonces tal vez llegue la reencarnación y todo en la superficie será incapaz de ser guardado nuevamente, las puertas se abrirán en forma de piernas, depronto ojos, y temeré al silencio, y se ahogará conmigo.

jueves, 17 de abril de 2008

claR

Su lengua como puño que insiste en tocar todos los labios, esperando que algunos se abran indefinidamente para no sentirse sólo. Y yo que pensé que había sido muy dura, muy directa, y finalmente me despierto sintiendo que no fue demasiado. Qué lenta soy! casi estúpida pretender que fuera honesto. You're getting me wrong. No quiero retractarme de lo que le dije, no creo poder hacerlo, no puedo cambiar el pasado y pretender que fue solo mi boca la insensible cuando en realidad fue todo mi ser el que dejó de sentir placer cuando decidió tocar en los míos. No puedo y tampoco quiero cambiarlo. Creo que se ha sentido aludido por mi falta de claridad- son sonidos los que hacen que me alegre, sin ayuda aún de la húmeda y espesa saliva. Una boca roja, el molde, ese que cuando trato de hacer con los dedos forma lo que todos conocen como corazón en un intento desesperado por negar el puño que es... En fin, bastante alejada esa boca, pero incluso esa sí la sentí. Cómo describir lo que recorrió mi cuerpo en ese momento... Es mucho mejor pasar sin tocar. Entonces no se preocupe, no quiero enmendar nada, sólo quería hablar y usted solo mintió con el silencio que nunca es capaz de sostener cuando está en frente! A veces me gusta pensar que sus palabras son simple y hueca diplomacia cuando hay alguien más oyendo lo que dice... preguntas que no están interesadas por una respuesta, y que además, usted mismo responde en voz alta... pero no me gusta pensarlo, realmente hace parte de esa obra de teatro, cuando habla tan duro haciendo preguntas de rutina y respondiéndose con una sonrisa y un "muy bien" de la mano de los dos segundos de aire que le quedan y que lo hacen añorar salir de ahí, de esa farsa que protagonizaba, de la cual me daba cuenta, esa que siempre veo con la misma repugnancia (incluso cuando hago parte, para que nadie sepa más de lo debido)...

domingo, 30 de marzo de 2008

Pointless

Me enseñas que no hay límites porque vives para aprender y nunca has dejado de amar y soñar. Eres mi heroína por mostrarme tu pecho abierto, tu corazón, la sangre que arde sin volverse ceniza. Mi heroína, por cambiar mis ojos de color anonadados del rojo vida de tu sangre que amo. Fuego que abrazas para que el frío de la soledad no lo apague, pero el dolor que sientes cuando tocas con todo tu cuerpo la llama, deja brotar peligrosas gotas de agua que amenazan con matarla, y de hecho lo hacen; no se evaporan antes de ser asesinas y te aferras a su alma aún cálida y sucia, y no la dejas ir porque ahora está en tu piel y las lágrimas que dibujaron la forma del dolor solitario, se funde con las cenizas para pintar de grises el alma agobiada a veces, por sentir demasiado. El gris tiene todos los colores, y en ti se abren las fronteras en las que imagino tu esencia que adoro.

Qui ma dit que je ne dois pas être?

Dejando de soñar en las noches, poco a poco se alejan las imágenes por la rapidez con la que ocurrieron, corren una tras otra sin dejar que las una con una de mis lógicas reforzadas. Sueños, suerte, surrealismo, su imagen dentro de mi, suspiros, suciedad que no se quita con agua bendita, suerte que te tenga, su infierno el que me quema, susto, sweat until I can sweat no more; simplemente SU ya.

Sin billetes... el alma dentro de una moneda.

Se dañó el tiempo, se quebró y no pude arreglarlo, nadie pudo ayudarme. Exigencias de respeto por un minuto de reflejo, de soledad, sonidos que salen de mis dedos; exigencias a las cuales sólo asentí con mis ojos, estupefactos . Qué más hacía? Lo siento, no tengo dinero, billetes, monedas, nada; nada más que ofrecer, qué más que mi silencio y mi escasa paciencia. Y es que la verdad, aunque usted no sabía ni le importaba, estaba hablando demasiado fuerte, tan fuerte como para destrozar la imágen que hice con mi reflejo en su toilete como defensa... después de gritar vuelva a su cueva y déjeme caminar de regreso. Haz que tus pasos mantengan el ritmo de tus miedos y tu desconfianza, no mires hacia atás, no querrás llevarte una sorpresa. No te quedes, que la soledad y la oscuridad nos persiguen y no sabemos qué querrían. No quiero ofrecerles nada hoy, sólo quería tomar aire tan profundo que quemara desde dentro, porque todo duele más si su origen está dentro. Ayyy cómo se atreve!. "Usted no sabe lo que quiere". Tartamudeo indescente, tartamudeo indeseable que deja oir negativas. Algo sé, nada importante depronto, tengo un promedio superior en educación... de reflejos. Reflejos que empaño con mi respiración intranquila, desde cerca, para hacer bien mi trabajo. No sé lo que quiero? quiero existir ya que siento; quiero escribir pues espero, quiero hablar porque sueño; quiero un café con su nombre y aún no puedo, quiero robarme identidades de plástico, y quiero que alguien me acompañe; soledad porqué no vienes?.

viernes, 28 de marzo de 2008

¡Qué ironía, las marionetas y los lápices, ambos son de madera!

Una conversación, un diálogo, es otra forma de ordenar las ideas si se hace de una manera más o menos coherente, más o menos interesante y más o menos real. La hoja es el reflejo de mis preguntas hechas respuestas, o tal vez la hoja y el lápiz pueden ser cuando se unen alguien más? es decir, puedo tener diálogos?, ó son todos parte de mi imaginación, de mi capacidad creadora que algunas veces es lúcida en compañía de la luna, cuando no veo nada más que las estrellas quemándosen. Necesidad? Ocio? Masturbación? un mundo paralelo creado por la oscuridad y la manía de soñar despierta. Realidades en las que sueño con los ojos abiertos, sonámbula, pero misteriosamente viva. Noches por fin más largas que el invariable ritmo de los segundos, más larga que los parpadeos que resumen la noche. Noches... fábricas de nubes que parecen ir demasiado alto porque evaden las raíces con las que me enredaba, la trampa para que mi asesino pudiera cumplir su objetivo después de caer... Quien se atreva a soñar con su asesino dotado de manos y una boca que hacen sangrar a punta de dolores prolongados y repetitivos por falta de filo. De un filo como el de los dientes con los que se muerde la lengua, para que el sabor a sangre A- abra los ojos y "despierte" sin dejar que llegue la muerte por el posible derrame interno, porque prefiere seguir agonizando. Quien lo haga, quien a pesar de sentir miedo decida seguir su agonía, incluso en los espacios donde la tentación puede jugar con las sensaciones; quien no necesite de máscaras valencianas para sentirse alguien; entonces será un sujeto existente dentro de la caja de marionetas dirigida por acuerdo general, al infierno. Ese quien, será el lapiz que no tiene quién le escriba, porque ya aprendió a escribir sacrificando siempre la cabeza, la suya.

Sin posible EVOLUCIÓN

Laura, dígame, dígame la verdad, no va a ser vulnerable por hacerlo. Siempre tan cálido usted, siempre. Claro que sí señor, y mucho, sabe qué es quitarse la piel bajo lluvia de vinagre y limón, pues bueno yo sé, no de esa proporción pero sí, algo, mis labios nunca sanan, siempre hay sangre y ardor, creo que es de sonreírle a desconocidos, y de tragarme las palabras que se aferran a los labios porque creen que mueren si no abro mi boca, o si sólo la abro para hacer mímicas de lo que pienso y se sienten ahogadas por el silencio; pero la verdad es que después de su agonía, vuelven a la vida con letras, con las que escribo, con las que leo. Yo lo siento, y siento también tener que decirle que no he evolucionado, que sigo temiendo que cuando se deje oír mi voz, tenga el ritmo de los latidos de mi corazón y que una garganta frágil busque salida en pausas nerviosas en busca de claridad, y silencios tal vez demasiado prolongados para la utilidad que esperan tener del tiempo y, entonces ese silencio hermoso, se convierta en incómodo. No tengo las cosas claras, a penas si empiezo a tejer hilos conductores entre las ideas, pero debo confesar que me pierdo fácilmente en el bosque encantado y tenebroso del no materializado mundo de la mente y de las ideas, y que por lo tanto escribir me ayuda a dejar migas de pan, como Hansel y Gretel, aunque no para regresar precisamente, sino para saber por qué sitios ha pasado; memoria de pan, eso es lo que he logrado, y yo sólo espero que no hayan palomas hambrientas, sólo espero que la esencia no esté alrededor de la plazaa de Bolivar, porque se la comerían y la dejarían hueca, como ahora lo está. Masturbación? deleitarme con que mis dedos escriban lo que dice mi alma, a su ritmo? Sí, aunque no del todo, no creo que esté cayendo en la trampa narcisa de la que hablaba, por quererme apartar de la trampa obsesiva. Escribiendo no caigo en esas trampas que describía, caigo mejor al vacío sin un eco aún. Y es que creo que seguiré siendo prehistórica desde el punto de vista que lo plantea.

domingo, 2 de marzo de 2008

Más 5 decía, pero eran 6

Sé contar, 1, 2, 3, 4, 5, sé cuánto es eso, sé que la noche es normalmente para dormir, sé que tiene poco tiempo, sé que está cansado, sé que está enredado en esa burocracia a la cual quiso pertenecer, sé que lo que menos quiere es oír lo que tengo para decir, dejar que le ayude a describirle los recuerdos que ya no ve porque los ahogó; pero para su infortunio, yo no sabía que sentir podría traerme tantos contratiempos, que descubrir sentimientos por otros era tan complicado como querer contarlos, y que además no dejaría de quererlo. Me encanta creer que está más cerca porque le puedo "hablar", porque a pesar de parecer un monólogo, usted tiene respuestas... respuestas que me hacen sentirlo cerca después de creerlo un completo desconocido porque las formalidades se llevan los primeros momentos buscando... nos. Y después de encontrarlo, no importa cuanto me recuerde el desfase de horarios, yo sigo preguntando, pidiendo, mostrando y leyendo. Toca esperar un rato a que la excitación me pase, para poder esconder la alegría y conformarme con decirle la verdad reducida en tres palabras, tres palabras que han perdido su valor porque han sido convertidas en muletillas, en el paso hacia la necesidad de sonrisas falsas de la mano de picos sonoros. Pero yo no puedo sonreír le, ni darle picos, sólo sonidos que siguen siendo vacíos porque no está frente a mi. Las pantallas, el muro en el que lo acusaba de esconderse para decirme las cosas... también lo utilicé. 1, 2, 3, 4, 5 , un punto . No quiera ser preciso, no quiera evitar quitarme tiempo, siempre lo hace, mi culpa.